jueves, 29 de septiembre de 2011

20 segundos y volvemos.

No, no me he muerto, sigo aquí (ahora es cuando Alétheia Pathway comenta algo como "pues qué pena"). Ahora mismo no tengo muchas ganas de escribir, pero a medida que calco una palabra de mi mente en el teclado las ganas aumentan de manera considerable. De fondo, la BSO de Final Fantasy, mi juego favorito donde los haya. Tiene la increíble capacidad de ponerme de cero a cien con un simple cambio de canción tranquila-movida. 

En fin, dejando aparte desvariaciones sin sentido (aunque no he empezado a escribir con un propósito claro) quiero recalcar una pregunta de Jota. "¿No has pensado echarte novio?". Qué conjunto de palabras tan simple y a la vez tan enrevesado. La respuesta es tan simple como un: Sí. Sí, lo he pensado. Sí, lo quiero... lo que sea. Aunque la verdad tiene más profundidad que una simple afirmación. Sé perfectamente que eso es lo único que busco, no quiero conocer a alguien y tirármelo. Aunque lleve dos días, no consecutivos, que conste; que me he liado con tres o cuatro, ni yo mismo sé por qué lo he hecho. Ahora mismo suena hipócrita, y lo es, hacer algo que siempre he negado, pero sigo sin saber cómo ha ocurrido. Aunque ahora que lo he hecho, no puedo decir que tampoco me haya disgustado. He de admitir que lo he pasado bien, pero ya está. Me sigue pareciendo una acción fría, vacía y no hecha para mí. Volviendo a lo principal, una pareja es lo que busco, lo que necesito. Hasta la gente se da cuenta de que es lo que necesito. Pero también existe mi eterna duda: ¿De verdad? Como siempre, quiero que pase, pero tengo miedo de que pueda llegar a pasar. En el caso de que ocurra, ¿qué? No es tan fácil, sigo teniendo mis miedos al respecto, de lo que pueda pasar o de lo que no. Miedo de que vuelva a pasar Él (al que por cierto estoy viendo últimamente en todos lados gracias a una nueva y desconocida paranoia mía).

En resumen, esa pregunta tiene dos respuestas completamente antitéticas. Sí, quiero, es lo que necesito. No, no quiero que me vuelva a pasar. Ahora bien, en cualquiera de los dos casos, sigue sin ser fácil encontrar al sujeto que me falta para formar dicha pareja. Ya no es por el hecho de que siga buscando otro Él, que puede que sea verdad, sino porque dudo que haya alguien...

sábado, 17 de septiembre de 2011

¿Vuelta a los inicios?

Dos meses para que hagan dos años desde que nos conocimos. Ya, ya sé todo ese rollo de estar bien, pero una cosa es eso y otra muy distinta romper con la realidad. Me puedo autogestionar todo lo que quiera y más, pero eso no quita que siga "encoñado" por él. Y, de todos modos, sigue habiendo puntos a comentar a este respecto... puntos que han salido a la luz desde que Jota ha venido a Madrid, vaya (más exactamente desde anoche, una bonita noche bañada en una catarata de ron del Día)
Puede que anoche no tuviera sentido esto, pero, a lo largo de este día, ha ido cobrando poco a poco el sentido que consigue ensimismar mi mente durante mucho tiempo, haciéndome pensar a extremos peligrosos. "No podrás estar realmente bien hasta que admitas que lo vas a pasar de puta pena". Ahora sí que lo entiendo. Puedo seguir haciéndome creer a mí mismo que estoy bien, feliz y que mi vida es mejor que un anuncio de compresas, pero eso no lo hace real. Tampoco puedo avanzar pensando únicamente en eso y tenerle un pánico irracional. La única opción que me queda es vivir con ello, aceptarlo, y realmente estar "preparado" para lo que pueda pasar. En otras palabras: aceptarme a mí mismo. Aún me queda mucho camino para alcanzar ese objetivo, y tengo muchos puntos de partida (complejos, pasado, miedos, inseguridades y un largo etcétera), pero este es uno bastante aceptable para empezar. Aceptar el pasado para comprender el presente y no temer al futuro.
El problema de todo esto está en que no puedo depender de nadie. Ni en Él ni en otra persona, por muy amiga que sea. Ahora que ha venido Jota, después de estar un año esperándolo, resulta que ni puedo depender de él. No depender, sino, "esconderme" en él. Quiere que me haga fuerte, que no dependa de nadie, que confíe sólo en mí mismo. Bien, pues he aquí mi respuesta:
 - Para empezar, la última persona en la que no puedo confiar es en mí mismo. He desarrollado un sexto sentido para predecir las puñaladas de los demás, pero las mías soy incapaz de verlas. Así que no me digas que sólo confíe en mí. Ahora bien, como la pregunta que te hice anoche, ¿quieres que sea fuerte? ¿Quieres que no dependa de nadie? No creas que no puedo hacerlo, porque si lo fui durante 16 años puedo continuar ahora perfectamente. La única pega que le pongo es que quizás me he acostumbrado a estar con gente, a ser un yo distinto. Quizás fui muy lejos. Quizás nunca debí haberlo hecho y tendría que haber continuado como estaba, que no me iba nada mal. Ahora puedo regresar, de todos modos, es cuestión de recuperar viejos hábitos, y recordar es algo que se me da muy bien, ¿no? Aunque una parte de mí está completamente en contra de volver a la oscuridad, a la soledad provocada, a las borderías para que nadie de acercara a mí... ¿En eso consiste ser fuerte?