lunes, 29 de octubre de 2012

PARVIS

¿Qué se supone que ha de sentir uno que está cumpliendo un sueño? En mi interior hay un barullo tan caótico que no logro poner en orden mis sentimientos, ni mucho menos asignarles una propiedad…

Hace cuatro años todos éramos uno críos que no sabíamos nada. En aquel viaje de fin de curso, creo que todos, en mayor o menor medida, nos enamoramos de esta ciudad. Tal fue el impacto que prometimos volver e incluso, algunos —entre los que me encuentro—, vivir aquí.

Muchas cosas han cambiado desde entonces. Muchos amigos se han ido, otros han llegado; mentalidades, sueños y percepciones se han difuminado, creando otras nuevas a partir de la nube del cambio. Sin embargo, yo me mantuve firme: sabía lo que había sentido al venir aquí y sabía que no era un capricho más. Era uno de los cinco sueños que, sin quererlo, formarían lo que ha sido mi vida hasta ahora.

El tiempo puede erosionar los recuerdos, tallando unos nuevos. Pero si la roca es suficientemente fuerte, puede aguantar vendavales, terremotos e inundaciones. Al fin y al cabo, el material más duro es de lo que están hecho los sueños, ¿no?

Ahora, cuatro años, he cumplido mi promesa. Estoy viviendo (o intentando vivir) aquí. Uno de esos cinco sueños se empezó a cumplir en febrero, cuando supe que me vendría, y tomó forma en la realidad cuando pisé suelo parisino. Todo está tan igual a como lo vi entonces y tan diferente al mismo tiempo…

Por eso no pienso renunciar a esto. No voy a permitir que los obstáculos que me pongan sean un impedimento para vivir un sueño que ha crecido conmigo. No voy a dejar de lado lo que siempre deseé y me hizo tal como soy porque dos problemas salgan a mi paso. No aquí, no ahora.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Sin rumbo

¿Sabéis lo que es esforzarte por algo que, en el fondo de tu corazón, sabes que en realidad no llegará a ningún sitio? Bien, pues imaginad un año de trabajo. Un año entero de, no vamos a negar, buenos momentos y avances importantes. Pero también hay que tener en cuenta los baches, pasos atrás y parones de todo trabajo.

Ahora aplicad esta situación a una relación. Estar con alguien que, después de un año, la única confianza que tiene es cuando está presente frente a ti. ¿Qué de provechoso hay en haber «gastado» un año de tu vida en alguien que, después de todo ese tiempo, sigue sin querer ver lo que has hecho?

Es totalmente cierto aquello de «no hay peor ciego que el que no quiere ver». La lástima es que no solo afecta a esa persona, sino también a los que le rodean. Entonces, ¿para qué tanto sacrificio? ¿para qué tanto aguante? Muchas veces no se ve la luz al final del túnel… otras muchas, no te dejan verla.

En ese caso, no hay nada que hacer. Cuando la decisión está tomada y no precisamente por ti, ¿eres tú el culpable de una situación que tú no has creado? La mayoría de la gente no entenderá esto y, claro, tú serás el malo de la película. No tendrás un momento de descanso; y no solo de manera externa, sino también tus múltiples «yos» internos colaborarán convirtiendo tu cabeza y tu corazón en un caos.

Es una de esas veces que, hagas lo que hagas a partir de un momento, la culpa/el rechazo/los remordimientos/etc. caerá sobre ti. Ahora bien, ¿qué pasa cuando eres tú el único que ha estado trabajando?

Siento no poder aportar algo con más o mejor forma esta noche, pero hace mucho tiempo que no consigo ordenar mis pensamientos y mis sentimientos. De hecho, la última vez que ocurrió esto, fue un 25 de junio...