martes, 26 de julio de 2011

Y sigue, y sigue.

Por fin renuevo esto, que ya iba siendo hora. Pensé en hacerlo hace unos días, pero ni sabía qué escribir, ni sabía cómo hacerlo. 

Llevo unos días raro. Más raro que de costumbre, si cabe. Aparte de no salir por hache o por be, me dedico a pensar. Es un círculo, cuánto más tiempo estoy en casa, más me cierro en mí mismo y menos ganas tengo de salir a hacer nada. Lo peor es que tan pronto estoy así, como estoy deseando volver a salir de fiesta porque me quedé con más ganas de bailar. Ni yo mismo me entiendo.

Anoche me quedé pensando en que volvía a ser día 25 de mes. Un año y un mes ya. A dos años de que empezara todo. La verdad es que pienso menos en eso. No sé si es porque yo mismo me estoy cansando, porque tengo otras cosas en la cabeza o lo que sea, pero pienso menos. Aunque lo siga haciendo. 

Ni siquiera sé con qué seguir ahora. Ahora mismo estoy en un buen momento. 24 horas queriendo cantar y bailar y haciéndolo 18 horas, acabo de recuperar las ideas para escribir así como la fluidez para hacerlo, me veo hasta guapete... no sé cuánto durará esto, pero espero que sea más que la última vez. Cada vez voy entiendo más que sólo depende de mí, pero lo entiendo demasiado tarde, teniendo que recuperar mucho tiempo perdido para poder alcanzar ese objetivo. Ahora me centro más en el futuro, aunque sea de manera "negativa" (ya es un paso), para dejar de releer tanto el pasado escrito. Sé que me tengo que fijar en el presente, pero es algo que creo que nunca he hecho, no sólo ahora, me gusta tener las cosas bajo control, y en el caso de no prever el futuro no puedo tenerlas controladas.

Con respecto a Él, qué decir. Claro que sigo obsesionado, pero cada vez me acuerdo más de él como de algo malo, una enfermedad pasada. Con su cicatriz en el presente, pero pasada a fin de cuentas. La cicatriz del miedo a cualquier cosa, del rechazo a todo lo nuevo e incluso a mí mismo. Aún guardo unas palabras de Jota...

 - (Yo) No le insultes, ni la amenaces. Tendrás que pasar por encima de mí.
 - ¿A tu queridísimo amor de toda la vida? ¿Ese que te quiere tanto y está tan atento de ti? ¿Dónde está ahora? O, perdón, ¿a quién se folla ahora?

Sé que lo hace con buena intención. Según él para despertarme y, aunque sea por el camino de la rabia, me olvide completamente. Tengo claro que no está ni estará, que me hizo daño, que no sé si en algún momento nada de lo que pasó fue cierto, pero sé que pasó.
Ahora he conocido a otra persona que parece ser su hermano pequeño. Empieza exactamente igual, preocupándose por que esté bien, que sonría, que esté feliz. Y eso me da más miedo aun. Ya ha hecho méritos para hacerme sonreír de verdad y parece que los seguirá haciendo, pero sigo teniendo ese miedo intrínseco que no me deja ver las cosas como son. No sé lo que es en realidad, pero me gustaría que fuera...

martes, 5 de julio de 2011

Fiesta, o no.

Por lo menos el año pasado, con lo reciente que estuvo, salí de fiesta en el orgullo por Madrid. Me emborraché y tuve dos momentos de bajón en los que mi amiga y algunos desconocidos me intentaron animar, consiguiéndolo y todo.

Hoy, un año después, estamos a martes día cinco de julio, tres días después de que se hayan acabado las fiestas. He salido el viernes, día en el que terminé sin pantalones por causas ajenas a mi voluntad (véase: meterme en una fuente y salir con un agujero en el pantalón más grande que la pernera), y el sábado, día en el que, nada más dar la media noche, decidí irme a mi casa porque sabía cómo iba a acabar, aún habiendo empezado a llorar de antemano. Es muy triste estar solo en el metro llorando.

Y ésa es la principal razón por la que nunca, o casi nunca, quiero salir de fiesta: saber cómo voy a acabar. A veces me arrepiento por no haber salido, otras simplemente me pongo a hacer cosas y me encierro en mi mundo. Después me llaman soso y demás sinónimos, pero, aparte de merecérmelo, me da lo mismo. «Pero si sales puedes encontrar a alguien». Eso para mí no es un aliciente. De hecho, ahora mismo es una ayuda para no salir.

Ahora, un pensamiento me ronda la cabeza. No es la primera vez que me dice alguien que si me he planteado el irme a un psicólogo para que me ayude. La verdad, sí me gustaría ir a uno, a ver si soluciono algo, pero no quiero que se entere mi familia. Además, ¿de verdad estoy tan mal como para necesitarlo?