domingo, 27 de noviembre de 2011

Punto de inflexión. Parte I

Bueno, señores, vamos a vomitar arco-iris, llorar purpurina y cagar rosas, porque lo que viene a continuación no es apto para diabéticos.

Desde hace tres maravillosas semanas estoy como no he estado desde ya sabéis vosotros cuándo, y me siento mejor cada día que pasa. Sigue habiendo tonterías por mi parte, como siempre, que para algo sigo siendo yo; pero en comparación son infinitamente menores que las cosas buenas, y mira que es raro. Incluso cuando estoy de bajón (véase el martes pasado, que parece que se me iba a acabar el mundo), pero cuando estaba con él en el autobús (o bule, que suena más choni) consiguió que hasta que se bajara estuviera todo el rato con una sonrisa en la boca, y de las sinceras. Aunque luego el muy lerdo me enviara un mensaje poniendo «tenemos que hablar» y yo me acojonara tanto que me puse a llorar como un descosido, para que la respuesta a mi «¿qué pasa?» fuera un simple «Te quiero y no quiero que lo nuestro se acabe nunca». Para matarle, vamos.

Desde luego este fin de semana ha sido movidito, sentimentalmente hablando. Aparte de coincidir día 26 (el maravilloso día en que dejé de saber nada de Él), con luna llena (toma bajada de regla) y quedar con él (algo así como «ufisajdfgou43r», no sé si me entendéis), de por sí yo estaba raro. Y como sería muy largo para ponerlo todo en una sola entrada, lo dividiré en dos, así como la última parte de Amanecer o de Harry Potter, para que nos entendamos.

El viernes pintaba como una GRAN mierda. Me levanto tarde, no desayuno, pierdo el autobús, me muero de frío... pero ver al estúpido de Maa me hace cambiar totalmente de idea, y más cuando salgo corriendo de TATI para llegar a tiempo al bus con él. Otra vez me bajo en Valdemoro y otra vez me quedo con Maa hasta que me echa deliberadamente de su casa, pero ahora no me importa porque sé que le veré por la tarde, y para patinar sobre hielo, estamos que lo tiramos señores. Yendo al grano del asunto, en la pista de hielo esa misma tarde, me sentí súper mal. Maa es idiota, eso ya lo sabíamos, pero no al punto de llegar a ponerme celoso aposta. Aclaro algo: no soy el celoso de «no hables con nadie, no el mires, no te acerques, no NADA», simplemente me pongo malísimo y me empiezo a rayar pensando en lo que podría pasar. Como ya he dicho otras veces, no tengo nada que no tenga cualquier otro, y si me empieza a decir que tal chico le parece muy guapo y que va a pedirle el Tuenti para cuando me deje, no hago otra cosa que pensar, y TODOS sabemos lo que pasa cuando hago eso. Lo único de lo que tengo miedo es de perderle, y mucho, además. Aún así, un momento en una esquina de Parque Sur, sitio romántico donde los haya, bastó perfectamente para hacerme llorar pensando que no me puedo creer que me haya tocado este chico. «Tengo miedo de perderte, porque eres genial y no quiero separarme de ti nunca» y un largo etcétera de ñoñadas. Claro que no quieroo pensar más en Él, no se lo merece ni de lejos, pero sigue estando ahí, y algún día te podré decir que no me importan sus mierdas; pero eso no implica que tú no estés aquí. Me importas mucho más que cualquier otra cosa, buena o mala de mi pasado o presente, y lo que está claro es que no pienso dejar que nada me detenga, y si lo hace ya estarás tú ahí para empujarme, porque confío en ti.

De momento eso es todo, porque no pienso petar toda la entrada hoy, así que ya pondré en uno o dos días el resto del viernes y el sábado. Si quieres más ración de cursiladas, ¡no olvides sintonizar algopasaconda.com, te esperamos!

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Never say never

Quién me iba a decir a mí que iba a escribir algo como lo que estáis a punto de leer. Pero bueno, ya después de tanto tiempo, y no me refiero al que llevo sin escribir en el blog, que un mes ya es mucho para mí sin escribir absolutamente nada, sino desde que le conocí. Ya sabéis, el-que-no-debe-ser-nombrado. Pero bueno, estando ya bien, o intentándolo al menos, que es un avance; no puedo sino que seguir con mi vida. ¿Y qué mejor manera que rehacerla desde el mismo punto en el que la dejé? Sólo que esta vez cambiando los puntos de vista, la persona, la situación, la mentalidad... Aunque me intente contener tampoco sé cómo hacerlo, estoy recién salido de un anuncio de compresas y me va a durar un tiempo, así que os aguantáis. Le quiero, y de momento es lo único que es.

Lo malo es (sí, hay partes malas, soy experto en sacarlas) que me sigo rayando. Ya sé que no debería decir esto, pero eso no quita que lo piense, pero lo veo demasiado perfecto para mí. Siento que yo no tengo nada para darle que no tenga cualquier otra persona y que no tiene ninguna razón para no dejarme si encuentra algo mejor. Y, sinceramente, no creo que pudiera con otra decepción así.

De todas maneras, no pienso dejar que ese tipo de pensamiento vuelvan a tomar el control de mis decisiones y de mi vida. Ahora toca disfrutar de lo que soy y lo que tengo (no es lo que tengo, es lo que soy, blog patrocinado por Viceroy) y le tengo a él. Así que en resumen, te quiero, cosa que ya sabías, pero te lo repito por si acaso. Gracias a ti soy feliz como no lo era hace muchísimo tiempo. Gracias por existir y cruzarte en mi camino, y lo mejor de todo, por no querer apartarte de él.

Te quiero.