Haciendo un inciso en mi monotema y haciendo caso de un amigo que me ha escrito pidiéndomelo, informaré un poco de mi presente en vez de mi pasado.
La verdad es que tampoco hay mucho que contar. Mi presente, ahora mismo, se divide en tres. Vivir en el pasado la mayor parte del tiempo, tener miedo del futuro otra mayor parte y una pequeña parte dedicada a «vivir el presente». Aunque hay que matizar lo de vivir el presente: no es que por un momento me olvide de lo ocurrido y de lo malo por ocurrir y simplemente coja y sea feliz de la vida por unos instantes, sino que me centro al 100% en algo que me pueda mantener ocupado, como la Universidad.
Y gracias al cielo que estoy en la Universidad, porque si no, no sé lo que haría. Nunca he sido como los demás. Yo nunca he deseado que llegara el viernes para irme a mi casa y tirarme en el sofá a hacer nada. Tampoco me gustó que llegara la hora del recreo para salir a jugar con los demás de pequeño. Tanto ahora como antes, pero mucho más antes, quería estar ocupado todo el tiempo. No quería estar sin hacer nada, porque en el momento en el que estuviese así, me ponía a pensar, que en mí es algo negativo en el 90% de las veces. Ahora me dedico simplemente a hacer lo que haya que hacer, revisarlo unas cuantas veces encontrando mil errores por cada palabra escrita (una de mis cualidades, positiva o negativa, es encontrarme fallos en todo, aunque muchas veces lo que no encuentro es la manera de solucionarlos), hacer un resumen de algo y, a toda prisa, centrar mi atención en lo primero que se tercie.
Aparte de eso, vivo en una casa en la que la discusión está a la orden del día. Sea lo que sea, sea como sea, siempre ocurre algo que prende la mecha de la discordia. Hay veces que, con suerte, no estoy metida en ella, pero aún así, después de dieciocho años, sigo sin saber qué hacer. Sólo me siento, intento cerrarme en banda y sigo a lo mío, aunque hay veces que es imposible. Después de todo, aunque quisiera hacer algo, me derrumbaría en el primer momento. No es la primera vez que me dicen que tengo bastante temple (que no paciencia), pero no creo que la tenga de verdad. En cuanto consigo calmar las cosas, vuelvo a encerrarme, me siento contra la puerta y lloro, deseando que acabe todo de una vez. ¿Eso es poder aguantar las cosas?
Por mucho que pueda parecer fuerte delante de la gente, en realidad no lo soy. Y eso es una máscara que me he acostumbrado tanto a llevar que ya me resulta imposible quitármela. No sé ir a clase con el mismo ánimo que tengo cuando escribo estas palabras. No sé cruzar la puerta de mi casa con los mismos pensamientos que rondan mi mente mientras vuelvo andando. La he llevado tanto tiempo que no puedo ni quitármela cuando estoy completamente solo, en la oscuridad de mi cuarto, esperando que el sueño me gane la batalla. Se me ha olvidado ser yo. O a lo mejor soy yo el que está cambiando sin darse cuenta. En cualquier caso, ninguna de las dos opciones me convence. Me encantaría volver a como estaba hasta hace unos años: mejor solo que mal acompañado.
Volviendo al principio... el presente del que quería hablar en un principio era que, a partir del diez de febrero (no se sabe fecha exacta), tendré que someterme a una operación clínica. No es gran cosa, es debido a los quistes que tengo en el tobillo (un quiste viene a ser un espacio sin rellenar en el hueso) y después un par de días en el hospital y a casa con una escayola hasta la rodilla durante un mes y algo. No me preocupa pero... a decir verdad me pone un poco nervioso. En cuanto tengas más información relevante la pondré aquí.
Hasta entonces, gracias por leer. A todo el mundo.
Big nod...
ResponderEliminarBendita Universidad; benditas prácticas para los de nuestra especie, que no se emborrachan, lo olvidan todo y vuelta a empezar.
Sabes que nunca firmaré con mi cuenta de Google aquí, ¿verdad?
Me gusta mucho leerte.
Aclaración: emborracharse no consigue que olvidemos (ello no significa que no bebamos xDDDDD)
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