miércoles, 22 de febrero de 2012

Reflexiones de una noche movidita II


El problema es que, aunque esté ahí, no siempre lo hago bien, por no decir nunca. Como prueba las pocas preguntas antes formuladas, no se puede decir que mi labor haya sido precisamente constructiva. Voy de persona curtida con los daños, pero sigo siendo un crío de mierda. Y él está sufriendo por mi culpa.

No sé cómo sería antes de conocerme, pero es obvio que no pensaba nada de lo que piensa ahora, y no se siente como se siente ahora. Él mismo me lo dijo: «No quiero una relación seria.» Y aún así, decidió ser mi novio.

Dice que se siente completamente inútil conmigo, pero creo que no sé da cuenta de todo lo que ha hecho y sigue haciendo por mí. Dice que he cambiado, aunque no tiene ni idea de cuánto lo he hecho. Ya no cree que sea mi única razón para seguir adelante, pero es la pura verdad. Desde que estoy con él, miro al futuro con una sonrisa por primera vez desde hace MUCHO tiempo y vivo el presente de una manera completamente distinta, teniendo en cuenta el pasado si olvidarlo del todo. Y eso, para una persona que ha vivido dos años inmersa en el pasado, es mucho avance en tan sólo tres meses.

Es estúpido pensar que quiero que acabe, pero partiendo del principio que todo lo que hago, lo hago por él y por su felicidad; ya no es tan estúpido pensar que espero que no tarde en darse cuenta de que lo mejor que puede hacer es cortar conmigo. Se merece ser feliz y vivir la vida como él quiera, sin tener que preocuparse por la depresiones de un niñato. ¿Que me llevaría más de dos años en recuperarme esta vez? Claro que sí. Sin embargo, sé que él estaría bien, y eso valdría la pena. Él se lo merece.

Por cosas como lo que pasó, no creo que merezca llamarme «cariño» ni demás apelativos cariñosos, ni que me bese, ni estar con él en el mismo espacio-tiempo. De hecho, me quité el Tuenti como una manera de redimirme. Es una solución estúpida, se ve; pero significa varias cosas: No quiero conocer a nadie más, no quiero que nadie aparte de los estrictamente necesarios contacte conmigo, no quiero tener que enfrentarme a Jorge y Marta (amigos a los que Marcos mandó a la mierda por este mismo tema y he de hablar con ellos para que no se lo tengan en cuenta) y una manera de hacerme creer que es un paso más hacia esa redención. No quiero que nadie sepa nada de mí, simplemente. Bastante vergüenza me da ya existir.

Él dice que ha pasado página, que no importa, que me cree. Pero no es tan sencillo. Eso es algo que nunca (siga o acabe esta relación) voy a poder perdonarme: el haberle hecho tanto daño de esa manera. Y no sólo a él, sino también a mí mismo, es como una puñalada a mis principios. ¿Voy diciendo que he sufrido mucho, que si patatín que si patatán y que no soporto los «cuernos» y voy yo y hago eso? Simplemente es algo que yo nunca podré olvidar, por mucho castigo que haga y por mucho que me absuelva a ojos de Marcos.

Le quiero. No, le amo. Le amo con locura. Es una persona que entró en mi vida por casualidad y la ha cambiado del todo. No creo que llegue a darse cuenta algún día de todo lo que significa para mí. Ahora mismo, simple y llanamente no podría vivir sin él. Se me ha olvidado.

Lo siento. Lo siento muchísimo. Sé que es una palabra como cualquier otra, pero es verdadera. Siento todo lo que he hecho, y todo lo que haré, que seguidamente no sea poco… Ahora mismo no sé qué nas decir, y después de una hora y algo, lo único que se me pasa por la cabeza es «dormir». De todos modos, para resumir toda esta mierda, bastaría con decir que lo siento, todo, y que me quiero más que a nada. Es lo único que necesito para levantarme todas las mañana y llevar el día como pueda. Una sonrisa suya es capaz de hacer cosas inimaginables en mí. Espero que nunca se borre.

Te amo.

Reflexiones de una noche movidita I

Son las 2 de la mañana, y como era de prever, no me puedo dormir. Simplemente no puedo.

Demasiadas cosas pasan por mi cabeza ahora mismo como para poder cerrar los ojos y dejarse llevar. Eso si, esto no quita que tenga los ojos rojos (aparte de llorar como llevo haciendo desde las 10) y que los párpados se me cierren solos a estas alturas de la película.

Marcos tiene dudas. Otra vez. Y otra vez me dice que me tome un tiempo para pensar todo esto. Yo sigo sin necesitar pensar nada más allá de lo que ya sé, pero él a lo mejor sí. Tendrá sus razones para querer hacerlo, porque quiere. ¿Cuáles son? Eso ya no lo puedo responder, y no porque haya falta de causas, sino todo lo contrario.

Siendo francos: la culpa siempre la tengo yo. He ahí una pequeña encuesta reveladora:
1. ¿Cuántas veces ha necesitado Marcos pensar? ¿Y David?
2. ¿Cuántas han sido las discusiones creadas por Marcos? ¿Y por David?
3. Todos esos «momentos malos», ¿por quién han sido creados?
Ya sé que siempre tengo yo la responsabilidad de todos estos, y más, factores desfavorables.

Yo puedo con esto, no es la primera vez que paso por cosas así o parecidas. De todos modos, aunque no lo hubiera vivido, supongo que sabría apañármelas. La cuestión es: ¿Y él?

Sepa o no enfrentarse a estas situaciones con soltura, lo cierto es que le hace daño. Y aunque haya veces que no me lo diga, lo sé sin necesidad de que abra la boca. Esos ojos llenos de vitalidad, de alegría, de felicidad no pueden mentir.

Y eso es algo con lo que yo no puedo luchar ni vivir. Puedo amargarme a mí mismo la existencia de la manera que quiera, que para algo es mía, pero la suya no. Quién sabe, a lo mejor es algo genético que llevo en la sangre y he salido al resto de mi familia. De todos modos, mi conciencia me impide seguir con esto.

No me refiero a que decida cortar, ni mucho menos. No sé si es por razones egoístas porque le necesito, porque le quiero (en el sentido más amplio de la palabra) o simplemente porque no. Lo único que sé es que no seré yo quien acabe con esto.

Volviendo al tema del que hablaba, no puedo permitir que la jovialidad en esos ojos y en esa sonrisa se apaguen. Es un chico que, siendo sinceros, no me merezco lo más mínimo. Podría estar con cualquier otra persona, pero me eligió a mí y lo sigue haciendo a pesar de todo. No creo que llegue a comprender qué es lo que vio en mí para elegirme, pero lo hizo. Y simplemente por eso siento el deber de no fallarle, de mantenerme siempre al pie del cañón.

[...]

lunes, 13 de febrero de 2012

Saint Ballentine's

Para empezar, disculparme por no haber escrito nada en todo este tiempo. Entre exámenes y mil cosas más, no he tenido tiempo ni para hacer una de las pocas cosas que me gustan... Pero ya estoy aquí, dispuesto a escribir para que alguien, aunque sea, lo lea.

Y, ¿qué mejor día para retomar la escritura que la víspera de San Valentín? De acuerdo, será un invento del Corte Inglés para el consumismo, pero TODOS, quien más y quien menos, queremos celebrar ese día con alguien. Con esa chica de la oficina con la que nunca nos atrevemos a hablar, con ese chico de clase que ni siquiera sabe que existimos, o simplemente con esa persona que vive en nuestra imaginación y aún no ha llegado. Como bien decía Carrie Underwood en «Ever ever after»: 

Storybook endings, fairy tales coming true
Deep down inside we want to believe they still do
And a secret is taught, it's our favourite part of the story
Let's just admit we all want to make it too

Y yo, romántico empedernido, el que más. Y ahora que tengo esa persona con la que compartirlo, imaginaos como estoy a escasos minutos de las campanadas. Nunca había hecho esto: simplemente quería que el día se pasara rápido para dejar de soportar estupideces y ñoñadas por todos lados. Eso y maldecir a las parejas que veía por doquier con alguna sífilis o con que se les rompiera el condón. Ahora, sin tener que maldecir a nadie por pura envidia, yo formo parte de una de esas parejas ñoñas.

Llevo unos días nervioso cada vez que quedo con Ma. Siempre me pongo nervioso cuando sé que le voy a ver, pero últimamente más aún. Y mañana le voy a ver, obviamente. No sé qué hay que hacer, ni cómo hay que actuar en este día. Soy nuevo y, encima, tonto.

En cualquier caso, tampoco tengo dinero para comprarle cualquier chorrada, teniendo en cuenta que la flor que le daré será robada de algún parque. Así que aquí va mi regalo, unas cuantas líneas cuyo significado ya conoces de sobra:

Eres la primera persona con la que voy a pasar San Valentín (y espero que la última). Pero no sólo eso, también la primera con la que estoy. Has cambiado muchas cosas en mi vida y en mí para mejor, algo que hacía falta, y espero poder haber hecho lo mismo aunque sea en un mínimo porcentaje. Después de Él, no pensé que pudiera volver a confiar en cualquier chico, y mucho menos que pudiera tener una relación con una confianza tan plena como la que tengo en ti, pero me has demostrado que también me equivocaba en eso.

Cada vez que dices que tienes miedo de que conozca a alguien y me guste, me dan ganas de llamarte de todo por decir tal tontería. Luego pienso que a mí me pasa exactamente lo mismo (de ahí mi pregunta de «¿te gusto?») y que el miedo que tengo de perderte no creo que se vaya a ir nunca.

Sé que la he cagado, y mucho, además. Pero te recuerdo que estoy dispuesto a hacer lo que sea por ti. Siento (aunque siempre lo he pensado, ahora mucho más) que no merezco los besos que me das, y mucho menos que mañana pueda pasarlo contigo. ¿Aún crees que, quedando con cualquier persona, me iba a gustar?

(24 minutos pensando después) No sé qué más decir sin que me ponga a llorar, simplemente te quiero. Es lo único que sé decir y sentir ahora mismo. Quiero volver a cerrar esta habitación que ya se ha llenado de mierda y meternos en la siguiente, ¿te acuerdas? Aunque nos vayamos de Erasmus, mi proposición sigue en pie, y espero que tu respuesta también. No dejes que sea el único San Valentín contigo, por favor.