Son las 2 de la mañana, y como era de prever, no me puedo dormir. Simplemente no puedo.
Demasiadas cosas pasan por mi cabeza ahora mismo como para poder cerrar los ojos y dejarse llevar. Eso si, esto no quita que tenga los ojos rojos (aparte de llorar como llevo haciendo desde las 10) y que los párpados se me cierren solos a estas alturas de la película.
Marcos tiene dudas. Otra vez. Y otra vez me dice que me tome un tiempo para pensar todo esto. Yo sigo sin necesitar pensar nada más allá de lo que ya sé, pero él a lo mejor sí. Tendrá sus razones para querer hacerlo, porque quiere. ¿Cuáles son? Eso ya no lo puedo responder, y no porque haya falta de causas, sino todo lo contrario.
Siendo francos: la culpa siempre la tengo yo. He ahí una pequeña encuesta reveladora:
1. ¿Cuántas veces ha necesitado Marcos pensar? ¿Y David?
2. ¿Cuántas han sido las discusiones creadas por Marcos? ¿Y por David?
3. Todos esos «momentos malos», ¿por quién han sido creados?
Ya sé que siempre tengo yo la responsabilidad de todos estos, y más, factores desfavorables.
Yo puedo con esto, no es la primera vez que paso por cosas así o parecidas. De todos modos, aunque no lo hubiera vivido, supongo que sabría apañármelas. La cuestión es: ¿Y él?
Sepa o no enfrentarse a estas situaciones con soltura, lo cierto es que le hace daño. Y aunque haya veces que no me lo diga, lo sé sin necesidad de que abra la boca. Esos ojos llenos de vitalidad, de alegría, de felicidad no pueden mentir.
Y eso es algo con lo que yo no puedo luchar ni vivir. Puedo amargarme a mí mismo la existencia de la manera que quiera, que para algo es mía, pero la suya no. Quién sabe, a lo mejor es algo genético que llevo en la sangre y he salido al resto de mi familia. De todos modos, mi conciencia me impide seguir con esto.
No me refiero a que decida cortar, ni mucho menos. No sé si es por razones egoístas porque le necesito, porque le quiero (en el sentido más amplio de la palabra) o simplemente porque no. Lo único que sé es que no seré yo quien acabe con esto.
Volviendo al tema del que hablaba, no puedo permitir que la jovialidad en esos ojos y en esa sonrisa se apaguen. Es un chico que, siendo sinceros, no me merezco lo más mínimo. Podría estar con cualquier otra persona, pero me eligió a mí y lo sigue haciendo a pesar de todo. No creo que llegue a comprender qué es lo que vio en mí para elegirme, pero lo hizo. Y simplemente por eso siento el deber de no fallarle, de mantenerme siempre al pie del cañón.
[...]
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