¿Qué esperar cuando ya no te queda nada?
Hay momentos en los que ya has perdido todo, o gran parte de lo que tenías, pero no te das cuenta, no ves todo el conjunto. Lo jodidamente horrible es el momento en el que sí te das cuenta: en el que te separas un par de pasos de tu situación y ves que a tu alrededor hay eso, nada.
Ahora, ¿qué más dará ser malo o bueno? Total, no vas a tener que rendirle cuentas a nadie de lo que hagas. Tu situación va a peor y optas por el camino fácil: la venganza. Y lo pongo en cursiva porque te vengas de lo que te has buscado tú solito o de lo que al gracioso destino le ha parecido oportuno encasquetarte.
Pensé en ser un hijo de puta. Ser la peor persona que nadie había conocido, alguien totalmente distinto a como soy y a como he sido nunca. Pero, sorpresa: resulta que ya lo soy. ¿Ya no puedo ni tener planes a medio-largo plazo? No me aporto nada a mí, no aporto nada a lo poco que me rodea... en ese caso ya da igual ser el antagonista de tu propia historia por decisión propia que un mero actor secundario.
Y lo peor, como siempre, es que tienen razón. He pasado de ser el estúpido que tenía miedo y hacían daño a ser la persona que hace daño creando miedo. Y sin darme cuenta. No se me debe dar tan mal entonces ser lo que siempre he odiado.
No hay justificación para que sea yo el que tenga miedo (que lo tengo), no puedo pretender ser el vengativo dado que ya lo soy, no puedo apoyarme en gente que no existe y he vuelto a esa etapa en la que, de tener, tampoco querría. Estoy exactamente como hacer dos años pero con un ligero matiz que lo cambia todo: yo he hecho el mal.
Y todos sabemos que los malos no tienen nunca su final feliz.