Vaya mierda de día. Ni punto de comparación con el mismo día de hace un año. Y claro, se me juntan las cosas. Los recuerdos de ese día y del anterior (el nueve, el día en que nos conocimos), la mierda de día que llevo hoy, y lo subrayo, los nervios que tengo de por sí por algo que no sé qué es y... y... y todo.
Aún tengo las conversaciones guardadas desde el primer día que hablamos por msn. El veinte de diciembre de 2009. Y si la lees, no es una conversación para echar cohetes. Pero fue el principio de lo que sería una de las mejores y de las peores cosas que me han pasado. Las vuelvo a leer y me río. Me río y lloro. Sonrío... para acabar llorando de nuevo. Tuvimos un intento de quedar el día veintisiete, pero no pudo ser. Hasta que el ansiado nueve de enero llegó. El día seis no quedaba muy lejos aún, y durante un tiempo pensaba en él como mi regalo de Reyes.
Ese día me hizo reír de verdad. Me interesaba todo lo que me decía, y parecía ser mutuo. En un arrebato de niñería, le propuse echar una carrera cuesta arriba, con bastante gente en ella y, sorprendentemente, aceptó. Yo, para variar, me tropecé varias veces; nos reímos, gritamos, jadeamos al llegar arriba del todo... Sentí que podía ser yo mismo con él a mi lado. Llegó la hora de irme, y estuvimos cerca de quince o veinte minutos para despedirnos en la boca de metro:
— ¿No te tienes que ir? Vas a llegar tarde.
— Sí.
— ¿No me das un beso?
Y me lo dio. Para rematar mi encoñamiento, saliendo del metro hacia mi casa, un sms suyo: «Me ha encantado estar contigo, rey. Eres un cielo :)». No tengo el móvil que tenía entonces, pero me sé cada uno de los sms que nos mandamos. Esa noche, dormí con una sonrisa en la boca.
— ¿No te tienes que ir? Vas a llegar tarde.
— Sí.
— ¿No me das un beso?
Y me lo dio. Para rematar mi encoñamiento, saliendo del metro hacia mi casa, un sms suyo: «Me ha encantado estar contigo, rey. Eres un cielo :)». No tengo el móvil que tenía entonces, pero me sé cada uno de los sms que nos mandamos. Esa noche, dormí con una sonrisa en la boca.
Hablamos la mañana del día siguiente y, diciéndole que tenía que ir al centro a por un regalo, se ofreció a acompañarme para verme un poco más. Mira que es raro que pase, pero ese día ocurrió: nevó en la capital. Todo Madrid se cubrió de una capa blanca que embelleció la ciudad, por lo menos a mis ojos. Nunca había visto la nieve en persona, y bajé andando sonriendo como un estúpido por toda la Gran Vía. Hablamos, reímos, nos lanzamos bolas de nieve... lo normal. Mi madre me llamó y como de costumbre, acabamos como el perro y el gato y yo de morros.
— ¿Cada vez que te llame te vas a poner así?
— No, pero tú lo has oído. Es sólo que... no lo aguanto.
— ¿El qué?
— (Tras explicarme mis desgracias del momento) No tienes por qué sentirte así.
Y me echó un discursito que, si no fuera porque ya estaba llorando de por sí, me hubiera echo saltar las lágrimas. Que si yo valía la pena, que si era inteligente para saber qué y qué no hacer... Y yo me lo creí. Una parte de mí, la Razón, me gritaba que no lo hiciera, que había tenido bastantes experiencias así, pero decidí no hacerla caso y dejarme llevar. Me prometió que se quedaría en Madrid, ignorando el viaje que tenía que hacer a Alicante.
Me siento impotente, deprimido, idiota, tanto por no darme cuenta como por no aprender nunca... Me dijo tantas cosas que ahora no sé qué hacer con ellas. Esos dos días fueron dos de los mejores que he pasado. Hoy, un año después, estoy llorando mientras los recuerdo, soportando que una práctica de la Universidad me esté vacilando, mi madre gritando por yo que sé qué, pensando en una futura operación y con un nudo en la garganta porque se lo quiero contar a mis amigos pero no puedo. No sé como hacerlo. Nunca he sabido hacerlo. Pero eso es material para otro día.
Ha sido leer tu entrada y se me han saltado las lágrimas, por no decir que casi me echo a llorar...
ResponderEliminarMe gustaría estar ahí para darte mi apoyo, pero espero que puedas conformarte con todo el cariño que puedo mandarte por aquí. Un abrazo enorme.
:)
Eh, que ésta sí soy yo.
ResponderEliminarContárselo o no a los demás lo decides cómo, cuándo y dónde quieras; a mí me lo cuentas porque me lo cuentas.
Muy pronto estarás bien. Parece que el tiempo no cura nada hasta que, de repente, llega el milagro.
Te quiero, cacho de pedazo de trozo de cosa horrible <3
el ultimo programa que empezó con "algo pasa con..." fue en la sexta y duró 1 semana y 3 días...ánimo y suerte con tu blog!
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