jueves, 22 de diciembre de 2011

Especial de Navidad

Pues como el Gordo de Navidad, publico la nueva entrada.

Antes de nada, he de añadir que en este último año han pasado muchas cosas. Tanto buenas como malas, claro está. De todos modos, el balance se ha inclinado a las buenas de manera muy evidente en ese último mes.

Pensaba que este fin de año sería como los otros: Queriendo que pasara rápido para no tener que pensar en nada (aunque puede que lo peor llegara con el nuevo año) y volver a la rutina de siempre. Deseos que no se cumplen, propósitos que no se siguen... Algo que todos los años ocurre y no le ponemos remedio. Ahora bien, ¿si algo en nuestra vida cambia, aunque sea lo más mínimo, esa rutina varía? Puede que sí, puede que no, eso depende de la persona. En mi caso, por lo menos sí.

La Navidad me parece hasta bonita, me gusta. Veo la gente pasar tan monosamente abrigadita y con bolsas de regalos, los árboles de Navidad en la calle, las luces... el ambiente. Ahora que soy alguien completamente distinto, me gusta todo esto. Quién me ha visto y quién me ve, por dióh. Un simple suceso, un momento, una persona... puede hacerte cambiar en tan sólo unos instantes. Y eso es algo que no te esperasm he ahí la magia de que ocurra. Y mi razón eres tú.

Ahora a ti: Deja de hacerte el duro al hablar conmigo, que sé perfectamente cómo eres. A mí tampoco me hace especial ilusión que te vayas de Erasmus a Alemania los meses que sean. Si sólo con tres días ya me estaba subiendo por las paredes teniéndote a 35 minutos, imagínate a unos cuántos kilómetros más. Obviamente no me hace ninguna gracia, y si te soy sincero, esperaba que te fuera mal en el examen de nivel para que no te fueras... pero luego pensé: «¿Cómo puedo ser tan egoísta? No puedo hacerle eso. Él quiere irse, lo quería antes de conocerme» Yo no tengo ningún control sobre tu vida, lo que puedas hacer o lo que no. Ni yo ni nadie.

Pero, ¿sabes lo bueno? Que esto, en todo caso, va  aconseguir reforzar más si cabe lo nuestro. ¿Te suena? Me lo dijiste tú, pero es verdad. Sé perfectamente que no quiero nada si no es contigo, y si te tengo que esperar x meses, te espero. Al fin y al cabo, unos meses no es nada comparado con una vida entera. Claro que pienso muchas cosas, no porque no confíe en ti (que confío), sino en cualquier cosa. Son europeos, yo un madrileñito que no tiene nada que ofrecer que ya no sepas.

Como iba diciendo, esto no hará sino reforzar lo nuestro, al menos por mi parte. Porque cuando vuelvas me tendrás más dispuesto y más lo que sea que nunca. A fin de cuentas, tenemos muchos planes juntos, ¿no? No seré yo quien vaya a dejar que esto acabe, tenlo por seguro. No pienso dejar que mi sonrisa desaparezcade manera tan fácil. Sé que lo hemos dicho muchas veces, de verdad y de coña; pero, ahora es una propuesta de lo más formal y oficial.

Marcos, ¿quieres irte a vivir conmigo?

domingo, 18 de diciembre de 2011

Like a Skyscraper

Llevo ya un tiempo viendo mucha gente que manifiesta su descontento consigo misma. Y yo me pregunto: ¿por qué? Vale que no soy el más indicado para decir esto, pero yo al menos me sentía mal conmigo mismo por mi propia culpa, no por ayuda externa. Que nunca me he gustado no es ningún secreto, pero eso no es motivo como para dejarse parar los pies por un par de gilipollas que su única «vida» es joder la de los demás.

Anónimo número 1, sé que leerás esto, así que escucha muy bien:
Lo tuyo no es una enfermedad. Ni siquiera es raro en estos tiempos tan excéntricos que corren. Es lo más normal del mundo, y puede que algún programa del corazón te fiche sólo por ello (como lo aceptes te mato). No tienes nada de lo que avergonzarte. No es una decisión, no es un estado, no es una fase: eres tú. 

Si «todo» el mundo se mete contigo por ello, demuéstrales que sólo por ello eres más fuerte que eso. Hazme caso, tus amigos ya lo saben, y siguen a tu lado, así que no dudes de ellos, porque si en cualquier momento flaquean por esa razón, no son tus amigos. De tus padres no te preocupes, pueden ser todo lo que tú quieras, pero al fin y al cabo son tus padres, y te lo digo por experiencia propia. Por supuesto que no les gustará, no te voy a mentir, pero tampoco te llevarán a un juzgado y te echarán de casa (en ese caso el que podría llevarles al juzgado eres tú e_e) 

Tienes más ayuda que enemigos, pero si no la aceptas nunca podrás sentirte bien contigo mismo. Pero antes de aceptar la ayuda tendrás que aceptarte a ti mismo, ¿crees que podrás? Yo confío en ti. Y si tienes algún problema, díselo a tus amigos, a mí, o a quien sea, que no dudaremos en ir a partir piernas e___e

Anónima número 2, también sé que lo leerás, que lo sé todo:
No estás sola. En ningún momento lo has estado, simplemente ha habido un cambio de escena con su consecuente entrada y salida de actores. Los más importantes se han mantenido, pero los sobrantes han desaparecido, como tenían que hacer. De hecho, desaparecer es lo mejor que podrían haber hecho.

¿No te das cuenta de que sólo te estaban perjudicando? Tú te has dejado llevar, tú sabras por qué, por su influencia y has descuidado a los que de verdad se preocupaban por ti. Te lo intentaron decir por activa y por pasiva, pero no hacías caso. Ahora es cuando te enfrentas a la verdad: Has dejado de ser interesante para ellos y te han abandonado como a un juguete antiguo.

Sin embargo, tus amigos de siempre, que siempre han estado ahí y seguirán, en ningún momento te han dado la espalda, sino que te han tendido una mano cada vez que te has levantado. No tengas miedo de pedírsela, porque están deseando que vuelvas a ser tú y no la muñeca mainstream en la que te convertiste. No te avergüences de tus excentricidades, de tus gustos o de tus pensamientos, eso es precisamente lo que te hace ser tú, que no es para nada avergonzante, sino todo lo contrario. Y a ver cuando echamos otro vicio al Jungle Speed, que hace mucho que no te gano y lo echo de menos ;)

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Madrileños por el mundo: Oporto - III

Ayer estaba demasiado ocupado viendo Downton Abbey (sí, soy un gran follower de esa seria, por no decir obseso compulsivo de su British accent y de tomar el té a las 5 de la tarde con pastas incluida) y no iba a cambiarlo por nada del mundo por un blog que poca gente lee, siendo realista. Aún así, ya he vuelto, con la última parte no escrita de la saga «Madrileños por el mundo», que sé que muchos lo estábais deseando, como @Diegorroni (publicidad gratuita, no me paga :C)

A lo que íbamos, que me voy por las ramas. Después de volver de Oporto City, nos fuimos a su casa en Valdemoro, que estaba vacía, y es gratis, lo más importante. Llegamos cansados y «enfadados», porque el señorito se había mosqueado por un comentario de un amigo, y estuvimos desde el aeropuerto hasta que llegamos a su casa sin hablar, él por no sé por qué y yo por depresiones varias derivadas de eso. De todos modos, es tan idiota que con un simple abrazo hace que me ponga sensiblero en positivo y me olvide de todo lo que ha pasado. Acortando: no estuvimos en Oporto, pero desde que volvimos hasta que tuve que volver a mi casa (maldita la hora, me había acostumbrado a su casa y a tenerle 24 horas rondando por ahí) pasé los mejores momentos dentro de ese puente y de mi vida, con diferencia.

No fue en un momento propicio, de hecho hubo momentos más destinados a tal fin, pero debajo del edredón, sudando como pollos en el horno y en una situación con un alto grado de temperatura, se nos vino el romanticismo a la mente. Al terminar, comprendí muchas cosas, me cercioré de muchas otras y perdí otras tantas. Comprendí que me quiere, que me quiere de verdad. Nada de lo que me dice es mentira ni broma, salvo lo de irse con otra persona o cosas así, que lo hace para picarme, aún sabiendo lo mucho que me afecta... Me cercioré de esto, de lo nuestro. De él y de mí. Antes también estaba seguro, pero ahora es una confianza ciega. Perdí miedos y recuerdos pasados: miedos que me impedían ver, seguir; recuerdos que me ataban a algo ya inexistente desde hace mucho tiempo.

Como tú mismo me pediste hace tiempo: «Paso de él y de sus mierdas». Todo lo que tengo ahora es gracias a ti, porque todo lo que tengo ahora eres tú. Nunca pensé que una persona me pudiera hacer tan feliz, y esta vez de verdad. Él (con mayúscula) no me hizo ningún bien en realidad en ningún momento. En cambio tú, desde la primera conversación fuiste diferente. Y a día de hoy sigues mejorando momento a momento mi vida. Cosa que pase lo que pase no pienso olvidar nunca. Ya te lo dije, pero escrito perdura más tiempo: No quiero otra cosa que no seas tú. Has conseguido que cada día sonría sintiéndolo, que cada mañana me levante de la cama y que cada noche me duerma pensando en ti y en lo estupendo que ha sido el día si te he visto, o en lo malo que ha sido si no lo he hecho. Me has proporcionado una fuerza increíble para enfrentarme a todo, has conseguido transformarme en el que era. Te has convertido en el pilar básico de mi día a día, y hazme caso cuando te digo «yo te quiero más», porque no hay ni un ápice de broma cuando digo que quiero vivir contigo el resto de mi vida, y que quiero presentarte a mi madre para después alquilarnos un piso de 20 metros cuadrados para vivir contigo. También estás empezando a conseguir que me quite complejos que tengo sobre mí mismo (cosa que mira que es difícil) y me suelte mucho más con todo. Aún así, el único miedo que nunca me podrás quitar es el de perderte: no me digas que no lo tenga porque no pasará, aunque vea el futuro y nos encuentre juntos, seguiré teniendo ese miedo siempre, eres lo mejor que me ha podido llegar, y también hazme caso cuando digo que te protegeré como haga falta para no perderte.

En definitiva: quiero ser yo el que te luche por hacerte feliz todos los días, el que consiga que tus días de mierda se conviertan en días geniales, el que te haga cosquillas en el cuello y al que mandes sms a lo choni. Quiero ser uno contigo. Te quiero a ti.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Madrileños por el mundo: Oporto - II

Una vez llegados al hotel, nos encontramos con una bonita estampa, por antonomasia, en la recepción del mismo. Y quien dice estampa, dice estampas; porque sólo faltaba empapelar las paredes con las fotitos del Niño Jesús, La Virgen y el papa Juan Pablo II. Cristiandades aparte, la mujer muy maja, y el hombre más soso que el azúcar; aún así, la estancia muy confortable y en óptimas condiciones, salvo el desgraciado accidente en el que, por circunstancias ajenas a mi voluntad, la cortina se me vino encima, con soporte incluido. Por fuera parecía un edificio de renta antigua, a lo cutre, pero por dentro estaba totalmente remodelado, olía a lavanda y, salvo el tamaño ínfimo de la ducha, todo genial. (Hasta aquí me pagan por la publicidad gratuita)

Un momento de sobeteo, y a la calle a comer, que yo por lo menos me moría de hambre. Una calle y una graciosa prostituta más allá, encontramos un café con un menú a 2,50€ y comimos mirando un canal de anuncios en el que se coló una telenovela brasileña (más cutre aún que las sudamericanas que tenemos en España, que ya es decir) Vuelta a la habitación porque el señorito se quería una siesta en la que me obligó participar, y vuelta a patearnos la ciudad (después de otra pertinente sesión de sobeteo) 


El río y la zona de la ribera, muy bonitos de noche; la niebla, no tanto. Aquello parecía los barrios bajos de Sleepy Hollow. Y me quejaba yo de Aranjuez por las mañanas en invierno. JÁ, ni a la suela del zapato. Desde lo alto do Ponte do Luis I no se veía el río, con eso digo todo. He de destacar la visita al Corte Inglés de Oporto (Metro João de Deus), una segunda embajada española en territorio luso. Incluso con los mismos precios y las miradas rebosantes de simpatía (nótese la ironía) de las dependientas. Una cena en un chino después (al que por cierto tardamos más de una hora en ir, ya que al señorito no le gustaba ninguno de los demás sitios para comer), nos encontrábamos otra vez en la habitación del hotel, dispuestos a ducharnos a las 4 de la mañana tras dejar las sábanas bonitas (no por mi culpa) para hacer poco ruido.

Realmente, la escapada no tiene nada de interesante que os pueda atraer: no vimos monumentos, no fuimos a museos y no nos hicimos miles de fotos. Las justas para nosotros y una estancia iDeal para los dos, ya está. Lo más destacable es: «Esto en España no pasa», «validare o seu cãrtao é obrigatorio» y «Bolhão» junto con «Senhor de Matosinhos» y «Senhora da Hora». Aparte de eso, lo único que me queda por comentar es la parte Pukerainbows del puente, que ni siquiera fue allí, sino aquí, en su casa de Valdemoro. Pero como la entrada de hoy ya es suficiente, y quería terminar de decir alguna que otra lolada lusa, pues lo mejor (a mi parecer) se queda para mañana.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Madrileños por el mundo: Oporto - I

He aquí la primera parte de la saga del relato de mis andanzas con Oporto. Y como veis en el título, lo voy a hacer por partes. Otra vez. Eso me ha gustado, y también porque todo lo que tengo que contar es largo, así que no voy a petar una sola entrada con todo... sobre todo con la última de las entregas.

A lo que iba, como dije en la entrada anterior, me iba a ir a Oporto con Ma. Dicho y hecho. El miércoles 9 de diciembre nos encontrábamos a las 6:20 a.m. en la cabeza del tren de Cercanías dirección al aeropuerto. Yo estaba nervioso, como es normal. No sólo iba a ser mis primeras vacaciones/puente/escapada sin mis padres, ni siquiera con mis amigos, sino con mi novio. Con él. De hecho, mientras el tren reducía al velocidad a medida que entrábamos en el andén de Atocha, me alteraba más pensando que había perdido el tren o no estaba en el momento justo en el lugar adecuado. Sin embargo, verle allí, hizo que sonriera como creo que nadie haya podido sonreír a esas horas en las que el mundo aún no tiene las calles puestas. Con su maletita, abrigo, gorrito con pompones y bufandita, esperándome en el sitio que dijimos. Un beso de buenos días (el primero de los que serían 4 despertares estupendos a su lado), y dispuestos a llegar al avión para escaparnos los dos.

Loleadas aparte, y una hora escasa después de la salida del vuelo, llegamos a nuestro destino en perfectas condiciones: sin turbulencias, sin tormentas, sin Godzillas... Un viaje normal como quien se va al pueblo de Guadalix, vaya. No podíamos entrar al hotel hasta la una, así que nos quedaba una maravillosa hora por delante para hacer mayormente nada. Bueno, sí, yo sí que hice, cargarme el asa de la maleta con la que habría de cargar en la mano, y no pesaba poco. Ah, un dato importante: «El aeropuerto allí es de andar por casa» (cita textual de Ma) y «esto en España no pasa». Y con lo último me refiero a cualquier cosa, ya sea para bien como para mal, pero «eso en España no pasa». La Andante que compramos nos permitiría usar los transportes públicos sin límites, aunque Ma no la supiera utilizar y nos tuviéramos que tirar media hora para que se le validara la tarjeta (Nota importante: «Validare o seu cãrtao é obrigatorio»).

Ais, allí las cosas son distintas. No tienen ni tornos en el metro (nótese que he usado la palabra «tornos» en vez de la expresión «tiqui-tiqui» de toda la vida), y ese mismo metro (como el ligero de Madrid, para qué nos vamos a engañar) está más limpio que una patena, marcha sobre verde y no tiene ni una sola pintada a no ser que estés en el propio centro (Trindade). Porque eso en España no pasa, y todos lo sabemos. En cuanto a callejeo, eso es peor que Toledo, y ya es decir, en lo que a cuestas se refiere. Venga a bajar y venga a subir. Con la tontería de tener el Duero allí, más te vale coger O Funicular do Guindais si no quieres tener que subir o bajar durante mínimo 5 minutos por escaleras y cuestas por un barrio de dudosa reputación y miedos varios infundados de noche.

*****

lunes, 5 de diciembre de 2011

Punto de inflexión. Parte II

Y aquí la segunda parte del movimiento PukeRainbows patrocinado por Da.

Debería seguir con lo que pasó ese fin de semana, pero mi memoria no da para tanto y tampoco es del todo vuestra incumbencia e__e Aunque sí, en mayor parte es porque mi memoria no da para tanto, estoy demasiado ocupado pensando en que en dos días voy a pasar cinco días con la cosa que más quiero.

Estoy que no puedo conmigo mismo de los nervios que tengo encima, y quiero que llegue ya el miércoles para coger el avión y marcharnos a Oporto. Sólo el pensar que estaremos solamente él y yo sin nadie, me puede. De por sí, siempre consigue que me olvide de todo a mi alrededor cuando estamos juntos, pero ahora será directamente una realidad, porque no habrá otra realidad que él.

El domingo hicimos un mes. Un mes per-fec-to. No tengo más palabras para poder describirlo, aunque el sentimiento es mucho mayor. Ha sido un mes entero lleno de sonrisas verdaderas, de una felicidad que no había sentido antes, y lo mejor de todo es que sigue sin acabarse (y por mi parte no tiene intención de acabarse).

Ahora personalmente: Gracias a ti sé lo que es estar bien de verdad. Siempre había dicho que quería saber lo que era  tener novio, tener a alguien que te quiera y que se preocupe por ti, pero nunca imaginé que fuera algo tan genial. Algo como tú. Ahora mismo puedo afirmar que no sé qué haría sin ti, eres ciertamente un punto de inflexión en mi vida. Quiero seguir pasando contigo muchos meses más, y años, porque te recuerdo que te tengo que pedir matrimonio, ya que tú me pediste salir. Quiero volver a pasar la vergüenza de ayer, y mantener los nervios cada vez que vaya a verte. Cuando digo que eres lo mejor que me ha pasado en la vida no exagero para nada. Me has hecho volver a ser quien soy de verdad, alguien feliz. No pienso dejar que te vayas nunca, no pienso perderte nunca. Sabes que por mi parte siempre estaré contigo hasta que decidas lo contrario, y aunque quieras liarte con mil y una personas, me dará lo mismo, porque nunca podré separarme de ti.

Te quiero.