Una vez llegados al hotel, nos encontramos con una bonita estampa, por antonomasia, en la recepción del mismo. Y quien dice estampa, dice estampas; porque sólo faltaba empapelar las paredes con las fotitos del Niño Jesús, La Virgen y el papa Juan Pablo II. Cristiandades aparte, la mujer muy maja, y el hombre más soso que el azúcar; aún así, la estancia muy confortable y en óptimas condiciones, salvo el desgraciado accidente en el que, por circunstancias ajenas a mi voluntad, la cortina se me vino encima, con soporte incluido. Por fuera parecía un edificio de renta antigua, a lo cutre, pero por dentro estaba totalmente remodelado, olía a lavanda y, salvo el tamaño ínfimo de la ducha, todo genial. (Hasta aquí me pagan por la publicidad gratuita)
Un momento de sobeteo, y a la calle a comer, que yo por lo menos me moría de hambre. Una calle y una graciosa prostituta más allá, encontramos un café con un menú a 2,50€ y comimos mirando un canal de anuncios en el que se coló una telenovela brasileña (más cutre aún que las sudamericanas que tenemos en España, que ya es decir) Vuelta a la habitación porque el señorito se quería una siesta en la que me obligó participar, y vuelta a patearnos la ciudad (después de otra pertinente sesión de sobeteo)
El río y la zona de la ribera, muy bonitos de noche; la niebla, no tanto. Aquello parecía los barrios bajos de Sleepy Hollow. Y me quejaba yo de Aranjuez por las mañanas en invierno. JÁ, ni a la suela del zapato. Desde lo alto do Ponte do Luis I no se veía el río, con eso digo todo. He de destacar la visita al Corte Inglés de Oporto (Metro João de Deus), una segunda embajada española en territorio luso. Incluso con los mismos precios y las miradas rebosantes de simpatía (nótese la ironía) de las dependientas. Una cena en un chino después (al que por cierto tardamos más de una hora en ir, ya que al señorito no le gustaba ninguno de los demás sitios para comer), nos encontrábamos otra vez en la habitación del hotel, dispuestos a ducharnos a las 4 de la mañana tras dejar las sábanas bonitas (no por mi culpa) para hacer poco ruido.
Realmente, la escapada no tiene nada de interesante que os pueda atraer: no vimos monumentos, no fuimos a museos y no nos hicimos miles de fotos. Las justas para nosotros y una estancia iDeal para los dos, ya está. Lo más destacable es: «Esto en España no pasa», «validare o seu cãrtao é obrigatorio» y «Bolhão» junto con «Senhor de Matosinhos» y «Senhora da Hora». Aparte de eso, lo único que me queda por comentar es la parte Pukerainbows del puente, que ni siquiera fue allí, sino aquí, en su casa de Valdemoro. Pero como la entrada de hoy ya es suficiente, y quería terminar de decir alguna que otra lolada lusa, pues lo mejor (a mi parecer) se queda para mañana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario