Una simple frase, esa decisión de decirlo ya es suficiente esfuerzo.
No todo el mundo se atreve. Que un chico se atreva a decirle a sus padres que tiene novio, o que una chica les diga que está enamorada de su supuesta amiga no es algo que todos tengan el coraje de hacer.
Las consecuencias pueden ser múltiples y variadas… ya que no todo el mundo es igual. De todos modos, la primera reacción será casi siempre la misma: decepción, negación, un estado de «shock»… A ningún padre le gusta saber eso, por muy abierto y progre que sea. Después pueden ir contigo al Orgullo, pero no será un plato de buen gusto (que oye, si tienes suerte y pasa lo contrario, mejor para ti y para ellos).
Lo que está claro es que no te van a odiar. Ni te van a dejar de hablar, ni te van a echar de casa ni te van a quitar de la herencia. Ante todo, sigues siendo su vástago (ya sabes, carne de su carne y sangre de su sangre, muy gore todo). Y eso es lo que va a primar siempre. Sigues siendo la misma persona: a la que han cambiado los pañales, a la que han cuidado cuando estaba enferma, a la que han regañado cuando ha hecho algo mal y felicitado cuando ha llevado un 10 a casa. Y nada podrá quitar eso.
Puede que pase más o menos tiempo en volver a ser todo como era antes, o incluso mejor, pero no pasa nada. El simple hecho de haberse enfrentado a la situación, a quitarse esa tonelada de peso de encima, a liberarse de unos grilletes que te impedían ser como querías ser y contarles todo como habías hecho hasta entonces es algo más que gratificante. Y las consecuencias que vendrán después serán mucho mejores.
Esto es un ánimo a que lo hagáis, a que os liberéis de todo lo que os pesa —no solamente esto—, a que confiéis en las personas que os rodean para que podáis ser feliz al cien por ciento.
Y en especial a ti, como siempre: enhorabuena. Has hecho el paso más difícil, admitir que eres feliz. Deja pasar un tiempo, verás cómo todo vuelve a su cauce. Siempre tengo razón, ¿recuerdas?
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