Alcanzar un sueño está al alcance de muy pocos. Todos soñamos. Todos nos imaginamos en otro lugar, haciendo cosas diferentes… siendo felices. Pero no todos podemos alcanzarlos; como mucho, podemos palparlos con la yema de los dedos
Pero, ¿qué pasa si te metes de lleno en un sueño y te despiertas? A lo mejor en tu cabeza era todo perfecto, era lo que habías deseado durante años, era lo que tú querías; pero al despertar ves con tus propios ojos que el sueño que estabas creyendo vivir es una simple pesadilla. Ya sea por factores intrínsecos o externos, tu única opción es huir.
No siempre luchar y seguir adelante es una opción. Si tienes un muro delante, ¿cómo vas a seguir? Has de volver sobre tus pasos y continuar por otro camino. Es entonces cuando te das cuenta de que, posiblemente, nada de lo que has vivido ha sido real. Que has tenido las experiencias que querías tener, pero no porque tuvieran que llegar o porque hayan sido naturales.
Ahora solo puedo pensar en que me gustaría ser alguien especial. O ser alguien, simplemente. El ir a París, por mucho que me haya tenido que volver por razones ajenas a mi control, era un sueño. Lo que haya podido pasar no cambiará eso. De todos modos, siento que todo lo que he hecho, visto, vivido no ha sido más que una vana ilusión.
Todo lo que he podido llegar a ser o creer ser se ha desvanecido en una simple brisa. Me sentí especial, por segunda vez en mi vida, durante cinco meses. Pero el resultado ha sido el mismo o peor. Esta vez he sido yo solo el que me lo he creído. En definitiva: es un método corto pero efectivo de cómo volver a ser nadie. O, mejor dicho, cómo bajar de la nube: nunca he dejado de serlo.
No eres tus sueños. No necesitas tus sueños para ser mejor.
ResponderEliminarValórate en tanto a ti.
No digo que los sueños no estén muy bien, pero son simples agregados.