martes, 24 de abril de 2012

Aniversario

Hoy, hace dos años, exactamente dentro de unas seis o siete horas, Él me pidió salir.

Está claro que nada es como antes, ha habido un giro radical en los acontecimientos y en la manera de ver las cosas, pero son cosas que uno no puede evitar, supongo. Teniendo en cuenta que hoy marcó una «racha» importante para los casi dos años siguientes, creo que está más que justificado por lo menos recordar cuándo fue.

No voy a poner palabras de pena y decir «¿dónde estará? ¿qué hará? ¿con quién estará?», más que nada porque todo eso me viene importando lo que es una mierda. A lo mejor, lo qué más me gustaría saber es la respuesta a la última pregunta, y sólo por saber. Hace ya bastante tiempo que me dejó de importar nada de él ni de lo que pasé o dejara de pasar y pensar.

De todos modos, sigue siendo un día importante en mi calendario, y me haría falta el apoyo de una persona. Pienso que hasta he dejado de lado y, por decirlo de algún modo, bajado de nivel el apoyo de terceras personas. Aunque es lógico, porque si estoy con alguien, lo normal es que necesite a ese alguien antes que los demás, ¿no? Todo en un equilibrio, está claro.

Pero hoy no lo tengo. Hoy, como otros muchos días, no sabré nada de él si no saludo o empiezo yo la conversación, porque el único que comete fallos soy yo. A veces pienso que lo que yo pueda sentir no importa absolutamente nada, y se puede decir o hacer lo que se quiera saliendo impune sin ni siquiera pensar que eso me ha afectado.

En fin, supongo que no tengo  ̶ ̶ o quiero tener ̶ ̶  nada más que decir, ya que todo lo dicho es suficiente para que lo entienda cierta persona. Ah, y los que leáis esto y habléis conmigo, no me preguntéis si estoy bien o quiero hablar, sabéis perfectamente que si quiero hacerlo, lo hago. No es por ser borde, pero después de «desahogarme» por aquí, lo último que quiero es volver a contárselo a otra persona. Pero os quiero, mucho...

jueves, 12 de abril de 2012

Parálisis.

Yo, que cuando estrené el blog no pensé escribir más de una entrada cada semana para tener tiempo para mí mismo y no agobiar a información… me encuentro con que las tres última son casi diarias.

Hoy nos hemos visto. Como yo pretendía ayer cuando te lo dije. Lo que no había tenido en cuenta es el ambiente frío que iba a haber entre nosotros. Esa barrera que se ha creado tan de repente entre nosotros, una tensión que ni yo mismo he podido comprender.

Prometí que no me iba a quedar quieto hasta que lograra lo que quisiera, pero no he podido evitarlo. Me he paralizado. Primero, al no verte en la puerta, pensé que lo habías pensado mejor y te habías ido. Después supongo que fue lo peor. Ese abrazo en el que nos hemos fundido y del que no nos hemos separado. ¿Sabes que es la primera vez desde que nos vimos por primera vez que no nos hemos besado? Me los has rechazado tan sutilmente al principio y tan categóricamente después que no sé cómo tomármelo…

De momento sólo puedo atacar con lo único que puedo hacer sin que me sienta cohibido, sin que tenga el miedo de paralizarme sin saber qué hacer muerto de miedo. Te quiero, te echo de menos. Y odio que ahora estés de fiesta. Te odio por ello. Quizás ya no tengo el derecho de decirte nada de esto, pero no te lo digo porque no quiero que salgas y que estés mal —que tampoco estaría de más ver que no soy el único al que le importa hasta tal punto esto—, si no que tengo miedo por lo que pueda pasar cuando salgas, ya lo sabes.

El sábado no será lo mismo. Lo prometo. Me lo prometo. No quiero quedarme paralizado viendo cómo todo pasa ante mis ojos mientras no puedo moverme ni articular palabra. Me importas más de lo que te puedas llegar a imaginar ahora ni nunca. No seguiré de decir que, por mucho que digas que no hago nada, todo lo que hago es por ti.

miércoles, 11 de abril de 2012

End… The never ending story.

Llevo todo el día encerrado leyendo. Y si algo me engancha a la lectura es esa capacidad de hacerme cambiar de humor y crear un mundo distinto sin salir de mi habitación. Esa capacidad que me ha llevado a estar todo el día sin poder llorar, tanto por falta de agua en mi cuerpo como incapacidad emocional, e incluso, a intervalos, estar decidido a luchar por ti. Ahora mismo estoy escribiendo estas líneas con un temblor de manos impropio en mí, y me parezco más a Taña aporreando el teclado que mi sutil velocidad sobre las teclas.

Lo siento, pero no. No pienso dejar que esto acabe tan fácilmente. No sin luchar, sin haber puesto mi tosca resistencia. No voy a dejar que algo que he tardado cinco meses en construir se vaya a la mierda tan rápido como la pronunciación de dos palabras.

No se me conocerá por ser alguien fuerte, ni muchísimo menos. Ni alguien determinado, ni estoico. Pero sí soy cabezota. Y caprichoso. Siempre, SIEMPRE, he conseguido lo que quiero desde pequeño. Y estoy tan mal acostumbrado que no voy a empezar a perder esa tradición ahora.

Si no estás a gusto, te jodes. Porque yo tampoco, eso es de cajón. Y no por eso voy a tirar por la borda tanto sacrificio y tantos «momentos mágicos» que, si pierdo, me van a estar persiguiendo el resto de mi vida. Si fui capaz de enamorarte una vez, lo haré otra, y tres, y las veces que hagan falta, porque te quiero y te quiero conmigo. 

Yo cumplí mi promesa de no dejarte, y no voy a dejar que tú rompas la tuya. No ya por que estemos juntos, que también, si no porque odio que la gente no cumpla sus promesas. Y la vas a cumplir.
No me vas a dejar con mis promesas sin cumplir tampoco. No me vas a quitar las ganas de ir de Eramus, con el consecuente reencuentro que lleva después, con los dos viviendo bajo el mismo techo jugando a zombis y conmigo tirándote cactus a la cara. Y mucho menos se va a desvanecer ese deseo mutuo de una vida juntos. Ni harto de vodka.

¿Que quieres hablar? Hablemos. Pero estate preparado, porque voy a darlo todo como nunca lo he hecho. Te voy a defender a capa y espada de ti mismo, y pienso conseguir lo que busco. Puede que no lo consiga, pero sé que me sentiré muchísimo mejor que habiendo dejado pasar esto tan estúpidamente ante mis narices.

¿O acaso te crees que nadie pasa por estos baches? Permíteme reírme en tu bonita cara acompañado con el «claro que sí, campeón» que ambos sabemos cómo hacer.

End

Antes de nada, tengo que darte las gracias por todo. Por darme estos cinco meses que han sido los mejores, sin duda alguna, que he pasado en 19 años.

Me has hecho sentir cosas que ni sabía que existían. Has conseguido hacerme sentir importante. Has logrado que sonriera de verdad durante cinco meses. Conseguiste salvarme ese 4 de noviembre, y lo has hecho varias veces más a lo largo de todo el viaje. Eso es algo que nunca podré recompensarte.

Por supuesto que nuestra relación ha tenido momentos mágicos. Ha estado llena de ellos, por todas partes, y siempre contigo, sólo contigo. Aunque ahora no sé dónde se han metido.

Nunca olvidaré ese 4 de noviembre (¿cómo olvidarlo?): el primer abrazo torpe, «me puedes besar, ¿eh?», «- ¿Qué quieres? - Lo que llevo esperando 19 años.»
El viaje a Oporto, prácticamente nada más empezar: el puente rodeado de niebla, estando sólo tú y yo (aunque no hacía falta la niebla para eso, lo has conseguido con cada beso, con cada caricia), las fotos en la playa que ahora estoy mirando, la carrera para coger el avión de vuelta...
La cabalgata de Reyes, que me ayudaras a subir al árbol, casi me matara y nos confundieran como hermanos; ver Titanic juntos y su obvia reacción; todos los paseos por los jardines de Aranjuez, correr hacia ti nada más verte, quedar a las 9 en Times...

Un blog sólo no me daría para dar de sí todos los momentos que merecen ser recordados, porque cada día contigo era una aventura. Era mi aventura. Brindarme una sonrisa tuya era mi objetivo y un beso tuyo mi sueño...

Tengo miedo. Muchísimo. Estoy aterrado. No va a ser como antes: llorar día sí día también durante mucho tiempo y luego sólo cada vez que te recuerde (que no es cada mucho). La diferencia es que a ti no te voy a olvidar. Nunca. Por mucho que lo intente, sé que me será completamente imposible hacerlo.

Ahora será todo mucho peor: sé qué es que te quieran de verdad, que te necesiten. Admitámoslo, me va a costar más que esos dos famosos años sólo el aceptar que ha pasado.

De todos modos, lo que tienes que hacer es lo mejor para ti. Siempre. No me digas que me preocupe por mí porque sabes que es inútil. Sólo quiero que tú seas feliz, sea como sea, porque es lo que siempre he deseado para ti.

Y tranquilo: si no sabes qué es lo conveniente, sólo escucha. No pienses. Haz caso a tu instinto y a la vocecita que te diga qué hacer.