Yo, que cuando estrené el blog no pensé escribir más de una entrada cada semana para tener tiempo para mí mismo y no agobiar a información… me encuentro con que las tres última son casi diarias.
Hoy nos hemos visto. Como yo pretendía ayer cuando te lo dije. Lo que no había tenido en cuenta es el ambiente frío que iba a haber entre nosotros. Esa barrera que se ha creado tan de repente entre nosotros, una tensión que ni yo mismo he podido comprender.
Prometí que no me iba a quedar quieto hasta que lograra lo que quisiera, pero no he podido evitarlo. Me he paralizado. Primero, al no verte en la puerta, pensé que lo habías pensado mejor y te habías ido. Después supongo que fue lo peor. Ese abrazo en el que nos hemos fundido y del que no nos hemos separado. ¿Sabes que es la primera vez desde que nos vimos por primera vez que no nos hemos besado? Me los has rechazado tan sutilmente al principio y tan categóricamente después que no sé cómo tomármelo…
De momento sólo puedo atacar con lo único que puedo hacer sin que me sienta cohibido, sin que tenga el miedo de paralizarme sin saber qué hacer muerto de miedo. Te quiero, te echo de menos. Y odio que ahora estés de fiesta. Te odio por ello. Quizás ya no tengo el derecho de decirte nada de esto, pero no te lo digo porque no quiero que salgas y que estés mal —que tampoco estaría de más ver que no soy el único al que le importa hasta tal punto esto—, si no que tengo miedo por lo que pueda pasar cuando salgas, ya lo sabes.
El sábado no será lo mismo. Lo prometo. Me lo prometo. No quiero quedarme paralizado viendo cómo todo pasa ante mis ojos mientras no puedo moverme ni articular palabra. Me importas más de lo que te puedas llegar a imaginar ahora ni nunca. No seguiré de decir que, por mucho que digas que no hago nada, todo lo que hago es por ti.
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