miércoles, 11 de abril de 2012

End

Antes de nada, tengo que darte las gracias por todo. Por darme estos cinco meses que han sido los mejores, sin duda alguna, que he pasado en 19 años.

Me has hecho sentir cosas que ni sabía que existían. Has conseguido hacerme sentir importante. Has logrado que sonriera de verdad durante cinco meses. Conseguiste salvarme ese 4 de noviembre, y lo has hecho varias veces más a lo largo de todo el viaje. Eso es algo que nunca podré recompensarte.

Por supuesto que nuestra relación ha tenido momentos mágicos. Ha estado llena de ellos, por todas partes, y siempre contigo, sólo contigo. Aunque ahora no sé dónde se han metido.

Nunca olvidaré ese 4 de noviembre (¿cómo olvidarlo?): el primer abrazo torpe, «me puedes besar, ¿eh?», «- ¿Qué quieres? - Lo que llevo esperando 19 años.»
El viaje a Oporto, prácticamente nada más empezar: el puente rodeado de niebla, estando sólo tú y yo (aunque no hacía falta la niebla para eso, lo has conseguido con cada beso, con cada caricia), las fotos en la playa que ahora estoy mirando, la carrera para coger el avión de vuelta...
La cabalgata de Reyes, que me ayudaras a subir al árbol, casi me matara y nos confundieran como hermanos; ver Titanic juntos y su obvia reacción; todos los paseos por los jardines de Aranjuez, correr hacia ti nada más verte, quedar a las 9 en Times...

Un blog sólo no me daría para dar de sí todos los momentos que merecen ser recordados, porque cada día contigo era una aventura. Era mi aventura. Brindarme una sonrisa tuya era mi objetivo y un beso tuyo mi sueño...

Tengo miedo. Muchísimo. Estoy aterrado. No va a ser como antes: llorar día sí día también durante mucho tiempo y luego sólo cada vez que te recuerde (que no es cada mucho). La diferencia es que a ti no te voy a olvidar. Nunca. Por mucho que lo intente, sé que me será completamente imposible hacerlo.

Ahora será todo mucho peor: sé qué es que te quieran de verdad, que te necesiten. Admitámoslo, me va a costar más que esos dos famosos años sólo el aceptar que ha pasado.

De todos modos, lo que tienes que hacer es lo mejor para ti. Siempre. No me digas que me preocupe por mí porque sabes que es inútil. Sólo quiero que tú seas feliz, sea como sea, porque es lo que siempre he deseado para ti.

Y tranquilo: si no sabes qué es lo conveniente, sólo escucha. No pienses. Haz caso a tu instinto y a la vocecita que te diga qué hacer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario