El astro rey vuelve a salir por el Este. El día comienza a despertar poco a poco y la vida empieza a bullir en las calles. Daa se despierta lentamente, intentando en vano quitarse la resaca de encima que le viene atormentando desde que se acostó esa misma madrugada. Toda la noche anterior había estado de fiesta y bebiendo, como celebración de su cumpleaños.
Había empezado noviembre con una mañana soleada pero bastante fría. Es día festivo y no tiene nada que hacer aparte de mirar comentarios y mensajes en una famosa red social entre los jóvenes. Los típicos «felicidades» de gente a la que solo ha visto una vez en su vida y algunos mejor trabajados de amigos de verdad. De repente, uno que le llama la atención. Una felicitación estándar —pero felicitación, al fin y al cabo— de ese chico misterioso.
Siempre le había tenido agregado, que él supiera. A veces le daba por cotillear su perfil, incluso había sobrevivido a todas las limpiezas de gente que sobraba. Pero, pese a haber pasado por esas purgas, seguía sin saber quién era.
Una respuesta, también estándar, al comentario y vuelta a escudriñar sus datos y fotografías. Novedad: estudian en el mismo campus. De hecho, las facultades están a un tiro de piedra. ¿Y si intenta conocerle de una vez por todas? Sería un poco raro después de tanto tiempo, pero nunca es tarde si la dicha es buena.
En fin, un encanto de persona. Hacía tiempo que Daa no se sentía así hablando con alguien. Por el momento no era nadie, estrictamente hablando, ni siquiera le conocía, pero tenía una buena sensación. Parecía que se conocían de antes —y, ¿quién dice que no, si ni recuerdan de qué ni de cuándo se agregaron?— y cada palabra era un invitación a más a seguir adelante.
Finalmente, coincidieron en persona en una cita proyectada a ello. ¿Fue una locura juvenil?, ¿un impulso creado por la ceguera de la primera vista? Sí y sí, pero lleva 9 meses de vida. Y la distancia entre dos ciudades, por muy lejos que estén, no van a romper esa magia permanente que se creó el 4 de noviembre en el inicio digno de película adolescente. No lo voy a permitir, y no has de pensarlo más, porque antes de irme puede que haya otra locura y al volver se llevará a cabo. Yo siempre cumplo mis promesas.
¿Te suena el cuento? Porque a mí sí, y yo decido qué final ponerle a mi historia.
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