viernes, 28 de diciembre de 2012

Nadie

Alcanzar un sueño está al alcance de muy pocos. Todos soñamos. Todos nos imaginamos en otro lugar, haciendo cosas diferentes… siendo felices. Pero no todos podemos alcanzarlos; como mucho, podemos palparlos con la yema de los dedos

Pero, ¿qué pasa si te metes de lleno en un sueño y te despiertas? A lo mejor en tu cabeza era todo perfecto, era lo que habías deseado durante años, era lo que tú querías; pero al despertar ves con tus propios ojos que el sueño que estabas creyendo vivir es una simple pesadilla. Ya sea por factores intrínsecos o externos, tu única opción es huir.

No siempre luchar y seguir adelante es una opción. Si tienes un muro delante, ¿cómo vas a seguir? Has de volver sobre tus pasos y continuar por otro camino. Es entonces cuando te das cuenta de que, posiblemente, nada de lo que has vivido ha sido real. Que has tenido las experiencias que querías tener, pero no porque tuvieran que llegar o porque hayan sido naturales

Ahora solo puedo pensar en que me gustaría ser alguien especial. O ser alguien, simplemente. El ir a París, por mucho que me haya tenido que volver por razones ajenas a mi control, era un sueño. Lo que haya podido pasar no cambiará eso. De todos modos, siento que todo lo que he hecho, visto, vivido no ha sido más que una vana ilusión.

Todo lo que he podido llegar a ser o creer ser se ha desvanecido en una simple brisa. Me sentí especial, por segunda vez en mi vida, durante cinco meses. Pero el resultado ha sido el mismo o peor. Esta vez he sido yo solo el que me lo he creído. En definitiva: es un método corto pero efectivo de cómo volver a ser nadie. O, mejor dicho, cómo bajar de la nube: nunca he dejado de serlo.

lunes, 29 de octubre de 2012

PARVIS

¿Qué se supone que ha de sentir uno que está cumpliendo un sueño? En mi interior hay un barullo tan caótico que no logro poner en orden mis sentimientos, ni mucho menos asignarles una propiedad…

Hace cuatro años todos éramos uno críos que no sabíamos nada. En aquel viaje de fin de curso, creo que todos, en mayor o menor medida, nos enamoramos de esta ciudad. Tal fue el impacto que prometimos volver e incluso, algunos —entre los que me encuentro—, vivir aquí.

Muchas cosas han cambiado desde entonces. Muchos amigos se han ido, otros han llegado; mentalidades, sueños y percepciones se han difuminado, creando otras nuevas a partir de la nube del cambio. Sin embargo, yo me mantuve firme: sabía lo que había sentido al venir aquí y sabía que no era un capricho más. Era uno de los cinco sueños que, sin quererlo, formarían lo que ha sido mi vida hasta ahora.

El tiempo puede erosionar los recuerdos, tallando unos nuevos. Pero si la roca es suficientemente fuerte, puede aguantar vendavales, terremotos e inundaciones. Al fin y al cabo, el material más duro es de lo que están hecho los sueños, ¿no?

Ahora, cuatro años, he cumplido mi promesa. Estoy viviendo (o intentando vivir) aquí. Uno de esos cinco sueños se empezó a cumplir en febrero, cuando supe que me vendría, y tomó forma en la realidad cuando pisé suelo parisino. Todo está tan igual a como lo vi entonces y tan diferente al mismo tiempo…

Por eso no pienso renunciar a esto. No voy a permitir que los obstáculos que me pongan sean un impedimento para vivir un sueño que ha crecido conmigo. No voy a dejar de lado lo que siempre deseé y me hizo tal como soy porque dos problemas salgan a mi paso. No aquí, no ahora.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Sin rumbo

¿Sabéis lo que es esforzarte por algo que, en el fondo de tu corazón, sabes que en realidad no llegará a ningún sitio? Bien, pues imaginad un año de trabajo. Un año entero de, no vamos a negar, buenos momentos y avances importantes. Pero también hay que tener en cuenta los baches, pasos atrás y parones de todo trabajo.

Ahora aplicad esta situación a una relación. Estar con alguien que, después de un año, la única confianza que tiene es cuando está presente frente a ti. ¿Qué de provechoso hay en haber «gastado» un año de tu vida en alguien que, después de todo ese tiempo, sigue sin querer ver lo que has hecho?

Es totalmente cierto aquello de «no hay peor ciego que el que no quiere ver». La lástima es que no solo afecta a esa persona, sino también a los que le rodean. Entonces, ¿para qué tanto sacrificio? ¿para qué tanto aguante? Muchas veces no se ve la luz al final del túnel… otras muchas, no te dejan verla.

En ese caso, no hay nada que hacer. Cuando la decisión está tomada y no precisamente por ti, ¿eres tú el culpable de una situación que tú no has creado? La mayoría de la gente no entenderá esto y, claro, tú serás el malo de la película. No tendrás un momento de descanso; y no solo de manera externa, sino también tus múltiples «yos» internos colaborarán convirtiendo tu cabeza y tu corazón en un caos.

Es una de esas veces que, hagas lo que hagas a partir de un momento, la culpa/el rechazo/los remordimientos/etc. caerá sobre ti. Ahora bien, ¿qué pasa cuando eres tú el único que ha estado trabajando?

Siento no poder aportar algo con más o mejor forma esta noche, pero hace mucho tiempo que no consigo ordenar mis pensamientos y mis sentimientos. De hecho, la última vez que ocurrió esto, fue un 25 de junio...

jueves, 26 de julio de 2012

… I still love you

¿Las personas estamos diseñadas para esto? ¿Acaso somos unas vendas para ayudar a otros a tapar heridas que nunca van a cerrar? Estamos creados para ser la excusa de otra gente, una herida más.

A lo mejor solo somos unas pastillas pasajeras que calmen el dolor. Pastillas de las que disponemos por un tiempo indefinido; cuando se acabe el tratamiento, no las volverás a tomar. O no. O simplemente somos una herramienta más para crear recuerdos que nos ayuden —o entorpezcan— en nuestro camino a seguir.

En nosotros está decidir si se convierte en una mano amiga para aprender de los errores, en un obstáculo que nos impida seguir o simplemente un objeto decorativo más que nos devuelva a aquellos tiempos felices.

En todo caso, no somos más que eso: herramientas. No se nos usa, nos usamos a nosotros mismos. Nos juntamos con otra persona y, con ella, creamos recuerdos, historias, vivencias, deseos, promesas que nos van marcar como somos.

No seremos más ese «¿seré la razón de no dormir de alguien?», seremos el porqué del cómo. No tiene que haber maldad alguna, o simplemente una finalidad destructiva —eso depende de cómo se use—, pero no somos más que meras herramientas.

Ese conjunto de sensaciones y experiencias compartidas, todas esas promesas, todo tirado por la borda para pasar a la siguiente herramienta. Así hasta que encontremos una que creamos que pueda durar indefinidamente

martes, 24 de julio de 2012

Despite the flaws...

Nunca he sido una persona que haya disfrutado de las alegrías. O incluso de la felicidad. Para mí siempre han sido un placer pasajero, algo con lo que no tenía entablar mucha relación, pues tarde o temprano —normalmente temprano— desaparecería de mi lado.

Quitando estos últimos 9 meses, dos años de depresión crónica y una espiral de clausura permanente demuestran las palabras dichas un poco más arriba. Me encerraba en un presente que no vivía para recordar un pasado que nunca volvería e imaginarme un futuro que nunca llegaría.

Vivía de los recuerdos, de lo que había pasado, de aquella felicidad que había experimentado y que se había ido incluso más fácil de cómo había llegado. Estaba estancado. No podía seguir adelante. Quizás —seguramente— no sea lo correcto depender de alguien o de algo para poder ser yo mismo con la vida que me dieron sin pedirlo.

Ahora, sigo siendo el mismo. He cambiado. Por supuesto que he cambiado: las cosas me han empezado a ir mejor, o directamente bien, por una vez; y los resultados me han hecho volver a ser quien fui una vez. Sin embargo, dos años de personalidad trastocada han dejado cicatriz. Nunca podré dejar ese tiempo atrás ni olvidarlo. Quiera o no, ahora forma parte de mí.

Y, ¿cuál es la consecuencia? Que los miedos, las inseguridades, los complejos y un largo etcétera me acompañarán para los restos. Cierto es que, con su compañía, se reducen drásticamente los efectos; pero siguen estando ahí. Supongo que es normal, no existe nadie que no tenga nada de eso. Digamos que es mi tara. Ahora bien, ¿qué pasará —o pasaría— si me vuelvo a quedar solo? No podría afrontarlo. No de nuevo. Sé, y por desgracia me conozco lo suficiente, como para saber que no volvería a pasar página.

Nunca terminaría mi historia.

sábado, 21 de julio de 2012

Fairy tale

El astro rey vuelve a salir por el Este. El día comienza a despertar poco a poco y la vida empieza a bullir en las calles. Daa se despierta lentamente, intentando en vano quitarse la resaca de encima que le viene atormentando desde que se acostó esa misma madrugada. Toda la noche anterior había estado de fiesta y bebiendo, como celebración de su cumpleaños.

Había empezado noviembre con una mañana soleada pero bastante fría. Es día festivo y no tiene nada que hacer aparte de mirar comentarios y mensajes en una famosa red social entre los jóvenes. Los típicos «felicidades» de gente a la que solo ha visto una vez en su vida y algunos mejor trabajados de amigos de verdad. De repente, uno que le llama la atención. Una felicitación estándar —pero felicitación, al fin y al cabo— de ese chico misterioso.

Siempre le había tenido agregado, que él supiera. A veces le daba por cotillear su perfil, incluso había sobrevivido a todas las limpiezas de gente que sobraba. Pero, pese a haber pasado por esas purgas, seguía sin saber quién era.

Una respuesta, también estándar, al comentario y vuelta a escudriñar sus datos y fotografías. Novedad: estudian en el mismo campus. De hecho, las facultades están a un tiro de piedra. ¿Y si intenta conocerle de una vez por todas? Sería un poco raro después de tanto tiempo, pero nunca es tarde si la dicha es buena.

En fin, un encanto de persona. Hacía tiempo que Daa no se sentía así hablando con alguien. Por el momento no era nadie, estrictamente hablando, ni siquiera le conocía, pero tenía una buena sensación. Parecía que se conocían de antes —y, ¿quién dice que no, si ni recuerdan de qué ni de cuándo se agregaron?— y cada palabra era un invitación a más a seguir adelante.

Finalmente, coincidieron en persona en una cita proyectada a ello. ¿Fue una locura juvenil?, ¿un impulso creado por la ceguera de la primera vista? Sí y sí, pero lleva 9 meses de vida. Y la distancia entre dos ciudades, por muy lejos que estén, no van a romper esa magia permanente que se creó el 4 de noviembre en el inicio digno de película adolescente. No lo voy a permitir, y no has de pensarlo más, porque antes de irme puede que haya otra locura y al volver se llevará a cabo. Yo siempre cumplo mis promesas.

¿Te suena el cuento? Porque a mí sí, y yo decido qué final ponerle a mi historia.

sábado, 7 de julio de 2012

Para siempre

¿De verdad te crees que prefiero pasar uno o dos días de fiesta a estar una semana contigo las 24 horas? Porque si así lo crees, deberías replantearte varias cosas, porque tengo mis prioridades. ¿Que me hubiera gustado ir a las fiestas? Claro. ¿Que me has dado los mejores siete días de mi vida? También.

No sé qué piensas que voy a hacer —tanto ahora como cuando me vaya— contigo, pero yo sí lo tengo muy claro. No somos como otras parejas que cuando se alejan, pierden el contacto, la confianza y la magia. Quiero hacerte feliz, que es lo único que te mereces.

No voy a dejar que vuelvas a preguntar si te quiero dejar o si de verdad te quiero: saber perfectamente que odio tanto las sandeces como las obviedades. Para empezar, si no me hicieras feliz lo notarías, y yo mismo te lo haría saber. Eres la persona que me salvó en noviembre y que me ha dado a conocer la felicidad día a día solo con sentirte a mi lado.

No tengo ninguna duda de lo nuestro, estoy más seguro de lo que haya estado en toda mi vida. Y si en algún momento lo nuestro acaba, que espero que no —ya sabes que por mí ese momento nunca va a llegar—, vas a seguir siendo lo que más me importe sobre todo lo demás: si por una persona a la que nunca importé y para la que nunca fui nada estuve dos años sin separarme de su recuerdo, imagínate contigo.

Si se da ese momento, tienes que saber que aunque encuentres a otra persona y seas feliz, nadie te va a adorar tanto como lo hago yo, ni ahora ni nunca. Nada ni nadie va a hacerlo como yo, te lo prometo.

También prometo pensar en lo que me has dicho para llevar mejor nuestra próxima separación, haré lo que sea para que estemos lo mejor posible dentro de lo que cabe. Aunque me cueste la vida tener que dejar de hablarte poco a poco para «acostumbrarme», haré el esfuerzo que haga falta.

¿Por qué estoy contigo? Porque eres mi vida.

jueves, 21 de junio de 2012

Libertad

Una simple frase, esa decisión de decirlo ya es suficiente esfuerzo.

No todo el mundo se atreve. Que un chico se atreva a decirle a sus padres que tiene novio, o que una chica les diga que está enamorada de su supuesta amiga no es algo que todos tengan el coraje de hacer.

Las consecuencias pueden ser múltiples y variadas… ya que no todo el mundo es igual. De todos modos, la primera reacción será casi siempre la misma: decepción, negación, un estado de «shock»… A ningún padre le gusta saber eso, por muy abierto y progre que sea. Después pueden ir contigo al Orgullo, pero no será un plato de buen gusto (que oye, si tienes suerte y pasa lo contrario, mejor para ti y para ellos).

Lo que está claro es que no te van a odiar. Ni te van a dejar de hablar, ni te van a echar de casa ni te van a quitar de la herencia. Ante todo, sigues siendo su vástago (ya sabes, carne de su carne y sangre de su sangre, muy gore todo). Y eso es lo que va a primar siempre. Sigues siendo la misma persona: a la que han cambiado los pañales, a la que han cuidado cuando estaba enferma, a la que han regañado cuando ha hecho algo mal y felicitado cuando ha llevado un 10 a casa. Y nada podrá quitar eso.

Puede que pase más o menos tiempo en volver a ser todo como era antes, o incluso mejor, pero no pasa nada. El simple hecho de haberse enfrentado a la situación, a quitarse esa tonelada de peso de encima, a liberarse de unos grilletes que te impedían ser como querías ser y contarles todo como habías hecho hasta entonces es algo más que gratificante. Y las consecuencias que vendrán después serán mucho mejores.

Esto es un ánimo a que lo hagáis, a que os liberéis de todo lo que os pesa —no solamente esto—, a que confiéis en las personas que os rodean para que podáis ser feliz al cien por ciento.

Y en especial a ti, como siempre: enhorabuena. Has hecho el paso más difícil, admitir que eres feliz. Deja pasar un tiempo, verás cómo todo vuelve a su cauce. Siempre tengo razón, ¿recuerdas?

domingo, 27 de mayo de 2012

Complejos

No. 

No estoy bueno. Ni mucho menos soy guapo. Ni tengo un perfil bueno.

No tengo ningún «don» a la hora de hacer las cosas. No sé dibujar, no sé cantar, no sé escribir, no sé jugar a ningún deporte, los estudios tampoco son mi fuerte.

Sin embargo, sigo aquí, vivo. No sé ni cómo, ni por qué ni mucho menos para qué. No creo que sea algo especial o necesario para la vida, tanto de alguien como la mía propia.

De hecho, soy una persona envidiosa. Y no de la buena, precisamente. Me encantaría poder destacar en algo: poder presumir de un dibujo, fardar de los goles que meto o lo que sea. Y, aunque suene superficial, incluso mirarme al espejo y sonreír por lo que veo.

Pero es mucho más difícil que todo eso. No se puede esperar a que algo así salga de la noche a la mañana, y mucho menos si no ha aparecido ya… no lo hará después, a no ser que tengas mucha suerte. 

Mañana no me miraré al espejo y me diré a mí mismo «qué bueno estás, cabrón». No escribiré un Quijote (y menos mal, porque lo odio) y no pintaré un Guernica. Y por mucho que la gente insista, supongo que hasta que yo mismo no esté orgulloso de algo que haya hecho no será suficiente.

El problema está en que nunca será suficiente. Sobre todo cuando, cada vez que descubro que hago algo medianamente bien, sale alguien —no necesariamente chino o asiático— que lo hace mucho mejor que yo.

Lo único que me queda es seguir adelante con lo que tengo. Y lo haré. Porque si he llegado aquí, puedo aguantar 20 años más. O eso espero.

miércoles, 2 de mayo de 2012

One week later...

Una semana después, o mejor dicho, cinco días después, estamos cada uno en su casa, sin el otro. Yo, por mi parte, me estoy empezando a agobiar al pensar que esta noche dormiré solo. Y lo que me queda por delante, claro.

Si me ha costado tanto levantarme de la cama esta mañana porque ha sido levantarme, no despertarme ha sido sencillamente porque no quería que esto acabara. Sólo intentaba retrasarlo al máximo, un desesperado intento de que siguiera todo como estaba. Tú a mi lado, acosándome a besos y haciéndome cosquillas. Llenándome de tu olor, de ti. Tu mirada fija en mí y tus brazos rodeándome. Nunca había sido nada tan genial.

Desde luego, cada vez que me tengo que ir, lo paso mal. Lo peor de todo es que me doy cuenta más y más de que no puedo hacerlo. Y, como tú dijiste anoche, no sé qué va a pasar en septiembre. Un día que va a llegar queramos o no. Yo me había encerrado al pensar que todavía quedaba mucho tiempo... pero me equivocaba, en cuatro meses, fuera.

Sé muy bien lo que va a pasar por mi parte: echarte de menos. Sé también lo que va a pasar por la tuya: subirte por las paredes. Pero tengo miedo al miedo que tienes. El miedo nos lleva a hacer cosas, y el que decide sobre esta relación eres tú, porque yo no pienso dar nada por terminado. Me dijiste que tenías miedo de que «los otros 6 meses juntos no vayan a llegar» y que sólo me podías prometer que no me harías daño. Con «vayan», esa frase denota realidad, no posibilidad; y el «sólo» tampoco me tranquiliza mucho.

Sé que no me harás daño, me di cuenta ayer. Mientras nos duchábamos, cuando dijiste «nunca te había querido tanto» (y sólo por volver después del médico), supe que nunca lo harías, aunque te lo propusieras. Yo también tengo tu problema: no puedo dejar de besarte.

Tengo un anillo en el dedo que simboliza que alguien en algún lado me quiere, y yo no pienso defraudarle. Nunca más. Tengo unos planes que te incluyen y ya sabes muy bien cuáles son, y odio tener que cambiar planes.

Ya sabes cuál es la única manera en la que me harías daño.

martes, 24 de abril de 2012

Aniversario

Hoy, hace dos años, exactamente dentro de unas seis o siete horas, Él me pidió salir.

Está claro que nada es como antes, ha habido un giro radical en los acontecimientos y en la manera de ver las cosas, pero son cosas que uno no puede evitar, supongo. Teniendo en cuenta que hoy marcó una «racha» importante para los casi dos años siguientes, creo que está más que justificado por lo menos recordar cuándo fue.

No voy a poner palabras de pena y decir «¿dónde estará? ¿qué hará? ¿con quién estará?», más que nada porque todo eso me viene importando lo que es una mierda. A lo mejor, lo qué más me gustaría saber es la respuesta a la última pregunta, y sólo por saber. Hace ya bastante tiempo que me dejó de importar nada de él ni de lo que pasé o dejara de pasar y pensar.

De todos modos, sigue siendo un día importante en mi calendario, y me haría falta el apoyo de una persona. Pienso que hasta he dejado de lado y, por decirlo de algún modo, bajado de nivel el apoyo de terceras personas. Aunque es lógico, porque si estoy con alguien, lo normal es que necesite a ese alguien antes que los demás, ¿no? Todo en un equilibrio, está claro.

Pero hoy no lo tengo. Hoy, como otros muchos días, no sabré nada de él si no saludo o empiezo yo la conversación, porque el único que comete fallos soy yo. A veces pienso que lo que yo pueda sentir no importa absolutamente nada, y se puede decir o hacer lo que se quiera saliendo impune sin ni siquiera pensar que eso me ha afectado.

En fin, supongo que no tengo  ̶ ̶ o quiero tener ̶ ̶  nada más que decir, ya que todo lo dicho es suficiente para que lo entienda cierta persona. Ah, y los que leáis esto y habléis conmigo, no me preguntéis si estoy bien o quiero hablar, sabéis perfectamente que si quiero hacerlo, lo hago. No es por ser borde, pero después de «desahogarme» por aquí, lo último que quiero es volver a contárselo a otra persona. Pero os quiero, mucho...

jueves, 12 de abril de 2012

Parálisis.

Yo, que cuando estrené el blog no pensé escribir más de una entrada cada semana para tener tiempo para mí mismo y no agobiar a información… me encuentro con que las tres última son casi diarias.

Hoy nos hemos visto. Como yo pretendía ayer cuando te lo dije. Lo que no había tenido en cuenta es el ambiente frío que iba a haber entre nosotros. Esa barrera que se ha creado tan de repente entre nosotros, una tensión que ni yo mismo he podido comprender.

Prometí que no me iba a quedar quieto hasta que lograra lo que quisiera, pero no he podido evitarlo. Me he paralizado. Primero, al no verte en la puerta, pensé que lo habías pensado mejor y te habías ido. Después supongo que fue lo peor. Ese abrazo en el que nos hemos fundido y del que no nos hemos separado. ¿Sabes que es la primera vez desde que nos vimos por primera vez que no nos hemos besado? Me los has rechazado tan sutilmente al principio y tan categóricamente después que no sé cómo tomármelo…

De momento sólo puedo atacar con lo único que puedo hacer sin que me sienta cohibido, sin que tenga el miedo de paralizarme sin saber qué hacer muerto de miedo. Te quiero, te echo de menos. Y odio que ahora estés de fiesta. Te odio por ello. Quizás ya no tengo el derecho de decirte nada de esto, pero no te lo digo porque no quiero que salgas y que estés mal —que tampoco estaría de más ver que no soy el único al que le importa hasta tal punto esto—, si no que tengo miedo por lo que pueda pasar cuando salgas, ya lo sabes.

El sábado no será lo mismo. Lo prometo. Me lo prometo. No quiero quedarme paralizado viendo cómo todo pasa ante mis ojos mientras no puedo moverme ni articular palabra. Me importas más de lo que te puedas llegar a imaginar ahora ni nunca. No seguiré de decir que, por mucho que digas que no hago nada, todo lo que hago es por ti.

miércoles, 11 de abril de 2012

End… The never ending story.

Llevo todo el día encerrado leyendo. Y si algo me engancha a la lectura es esa capacidad de hacerme cambiar de humor y crear un mundo distinto sin salir de mi habitación. Esa capacidad que me ha llevado a estar todo el día sin poder llorar, tanto por falta de agua en mi cuerpo como incapacidad emocional, e incluso, a intervalos, estar decidido a luchar por ti. Ahora mismo estoy escribiendo estas líneas con un temblor de manos impropio en mí, y me parezco más a Taña aporreando el teclado que mi sutil velocidad sobre las teclas.

Lo siento, pero no. No pienso dejar que esto acabe tan fácilmente. No sin luchar, sin haber puesto mi tosca resistencia. No voy a dejar que algo que he tardado cinco meses en construir se vaya a la mierda tan rápido como la pronunciación de dos palabras.

No se me conocerá por ser alguien fuerte, ni muchísimo menos. Ni alguien determinado, ni estoico. Pero sí soy cabezota. Y caprichoso. Siempre, SIEMPRE, he conseguido lo que quiero desde pequeño. Y estoy tan mal acostumbrado que no voy a empezar a perder esa tradición ahora.

Si no estás a gusto, te jodes. Porque yo tampoco, eso es de cajón. Y no por eso voy a tirar por la borda tanto sacrificio y tantos «momentos mágicos» que, si pierdo, me van a estar persiguiendo el resto de mi vida. Si fui capaz de enamorarte una vez, lo haré otra, y tres, y las veces que hagan falta, porque te quiero y te quiero conmigo. 

Yo cumplí mi promesa de no dejarte, y no voy a dejar que tú rompas la tuya. No ya por que estemos juntos, que también, si no porque odio que la gente no cumpla sus promesas. Y la vas a cumplir.
No me vas a dejar con mis promesas sin cumplir tampoco. No me vas a quitar las ganas de ir de Eramus, con el consecuente reencuentro que lleva después, con los dos viviendo bajo el mismo techo jugando a zombis y conmigo tirándote cactus a la cara. Y mucho menos se va a desvanecer ese deseo mutuo de una vida juntos. Ni harto de vodka.

¿Que quieres hablar? Hablemos. Pero estate preparado, porque voy a darlo todo como nunca lo he hecho. Te voy a defender a capa y espada de ti mismo, y pienso conseguir lo que busco. Puede que no lo consiga, pero sé que me sentiré muchísimo mejor que habiendo dejado pasar esto tan estúpidamente ante mis narices.

¿O acaso te crees que nadie pasa por estos baches? Permíteme reírme en tu bonita cara acompañado con el «claro que sí, campeón» que ambos sabemos cómo hacer.

End

Antes de nada, tengo que darte las gracias por todo. Por darme estos cinco meses que han sido los mejores, sin duda alguna, que he pasado en 19 años.

Me has hecho sentir cosas que ni sabía que existían. Has conseguido hacerme sentir importante. Has logrado que sonriera de verdad durante cinco meses. Conseguiste salvarme ese 4 de noviembre, y lo has hecho varias veces más a lo largo de todo el viaje. Eso es algo que nunca podré recompensarte.

Por supuesto que nuestra relación ha tenido momentos mágicos. Ha estado llena de ellos, por todas partes, y siempre contigo, sólo contigo. Aunque ahora no sé dónde se han metido.

Nunca olvidaré ese 4 de noviembre (¿cómo olvidarlo?): el primer abrazo torpe, «me puedes besar, ¿eh?», «- ¿Qué quieres? - Lo que llevo esperando 19 años.»
El viaje a Oporto, prácticamente nada más empezar: el puente rodeado de niebla, estando sólo tú y yo (aunque no hacía falta la niebla para eso, lo has conseguido con cada beso, con cada caricia), las fotos en la playa que ahora estoy mirando, la carrera para coger el avión de vuelta...
La cabalgata de Reyes, que me ayudaras a subir al árbol, casi me matara y nos confundieran como hermanos; ver Titanic juntos y su obvia reacción; todos los paseos por los jardines de Aranjuez, correr hacia ti nada más verte, quedar a las 9 en Times...

Un blog sólo no me daría para dar de sí todos los momentos que merecen ser recordados, porque cada día contigo era una aventura. Era mi aventura. Brindarme una sonrisa tuya era mi objetivo y un beso tuyo mi sueño...

Tengo miedo. Muchísimo. Estoy aterrado. No va a ser como antes: llorar día sí día también durante mucho tiempo y luego sólo cada vez que te recuerde (que no es cada mucho). La diferencia es que a ti no te voy a olvidar. Nunca. Por mucho que lo intente, sé que me será completamente imposible hacerlo.

Ahora será todo mucho peor: sé qué es que te quieran de verdad, que te necesiten. Admitámoslo, me va a costar más que esos dos famosos años sólo el aceptar que ha pasado.

De todos modos, lo que tienes que hacer es lo mejor para ti. Siempre. No me digas que me preocupe por mí porque sabes que es inútil. Sólo quiero que tú seas feliz, sea como sea, porque es lo que siempre he deseado para ti.

Y tranquilo: si no sabes qué es lo conveniente, sólo escucha. No pienses. Haz caso a tu instinto y a la vocecita que te diga qué hacer.

viernes, 30 de marzo de 2012

You'll be there...

…and I'll be holding your hand.

Esta vez seré un poco más escueto. Escribo esto porque me ha salido al escribir y quería compartirlo con alguien. Y ya que ese alguien a quien va dedicado está claro quién es, que se de por aludido.

No ha ce falta que me prometas que vas a estar ahí para ayudarme a no caer, y para tenderme tu mano sin soltarla: lo sé desde hace 5 meses. Pero yo si que prometo no soltarla, no volver a caer, no volver a escuchar al David que no debo escuchar. Si no, escuchar al David que tú conociste y al que pediste salir.

«Eres el príncipe del mundo encantado con el que sueño cada noche. Las luces de mi vida que me levantan cada mañana, cegándome los ojos, entrando por la ventana; los pájaros que suenan en mis oídos diciéndome "te quiero" y que se me echan encima imaginando que estamos tan solo tú y yo, haciendo que el deseo de tenerte a mi lado se multiplique por mil y arda en deseos de besar esos bonitos labios y recorrer toda tu piel. Porque sólo el pensar en tus ojos, en tus labios, en tu manera de hablar hacen que de esta boca, de estas manos, salgan palabras tan bonitas con el único deseo de hacerte enamorar.»

sábado, 24 de marzo de 2012

Razones

Hace un mes que no escribo. Y no será porque no haya tenido tiempo... o porque no me hayan pasado cosas para contar. Eso de que «la primavera la sangre altera» es muy cierto. Y eso que acabamos de empezar, pero discutimos como nunca.

Discutimos por estupideces, lo sé y de sobra, pero lo hacemos. De todo esto, su conclusión es que no se nos ve unidos, como si las demás personas no discutieran, La pequeña diferencia es que a mí me da igual hacerlo o no con gente delante. Y más aún cuando sé que tengo razón. Pero ese no es el tema. Nunca me hace caso, no me escucha, aunque luego diga que sabía que tenía razón. Entonces, ¿por qué no me haces caso? Odio que la gente no me escuche, que hable para la nada.

Me da igual la razón, me da lo mismo el tema, no me importa de qué se trate... lo que quiero, o necesito, es que por lo menos se tenga en cuenta mi opinión para algo.

De todos modos, después viene la fase: «Daa no quiere solucionar las cosas». Claro, no quiero solucionarlas porque adoro estar de malas con lo único que tengo. De hecho, si por mi fuera, estaría todo el día discutiendo, gritando y de todo. Y se cree que el único que está mal es él, pero a Daa le jode, y mucho. Y Daa se siente como una mierda. Y Daa quiere meterse en la cama para no salir, aunque no tenga esa suerte.

Sobra, y mucho, eso que dices de «para el poco tiempo que paso contigo, me gustaría pasarlo bien». Es de cajón que a mí también. Si por mi fuera no pasarían estas cosas, porque lo último que quiero es perderte, y más por una estupidez como esta.

Pero que no haya preocupaciones, no va a volver a pasar, lo prometo. Me da igual todo ya, sólo quiero no volver a pasarlo mal contigo: que no me digas que a lo mejor es cierto que te tienes que replantear las cosas, que no confías en mí, que todo... No quiero volver a tener problemas ni a creártelos... sólo sé que te quiero querer y quiero estar bien.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Reflexiones de una noche movidita II


El problema es que, aunque esté ahí, no siempre lo hago bien, por no decir nunca. Como prueba las pocas preguntas antes formuladas, no se puede decir que mi labor haya sido precisamente constructiva. Voy de persona curtida con los daños, pero sigo siendo un crío de mierda. Y él está sufriendo por mi culpa.

No sé cómo sería antes de conocerme, pero es obvio que no pensaba nada de lo que piensa ahora, y no se siente como se siente ahora. Él mismo me lo dijo: «No quiero una relación seria.» Y aún así, decidió ser mi novio.

Dice que se siente completamente inútil conmigo, pero creo que no sé da cuenta de todo lo que ha hecho y sigue haciendo por mí. Dice que he cambiado, aunque no tiene ni idea de cuánto lo he hecho. Ya no cree que sea mi única razón para seguir adelante, pero es la pura verdad. Desde que estoy con él, miro al futuro con una sonrisa por primera vez desde hace MUCHO tiempo y vivo el presente de una manera completamente distinta, teniendo en cuenta el pasado si olvidarlo del todo. Y eso, para una persona que ha vivido dos años inmersa en el pasado, es mucho avance en tan sólo tres meses.

Es estúpido pensar que quiero que acabe, pero partiendo del principio que todo lo que hago, lo hago por él y por su felicidad; ya no es tan estúpido pensar que espero que no tarde en darse cuenta de que lo mejor que puede hacer es cortar conmigo. Se merece ser feliz y vivir la vida como él quiera, sin tener que preocuparse por la depresiones de un niñato. ¿Que me llevaría más de dos años en recuperarme esta vez? Claro que sí. Sin embargo, sé que él estaría bien, y eso valdría la pena. Él se lo merece.

Por cosas como lo que pasó, no creo que merezca llamarme «cariño» ni demás apelativos cariñosos, ni que me bese, ni estar con él en el mismo espacio-tiempo. De hecho, me quité el Tuenti como una manera de redimirme. Es una solución estúpida, se ve; pero significa varias cosas: No quiero conocer a nadie más, no quiero que nadie aparte de los estrictamente necesarios contacte conmigo, no quiero tener que enfrentarme a Jorge y Marta (amigos a los que Marcos mandó a la mierda por este mismo tema y he de hablar con ellos para que no se lo tengan en cuenta) y una manera de hacerme creer que es un paso más hacia esa redención. No quiero que nadie sepa nada de mí, simplemente. Bastante vergüenza me da ya existir.

Él dice que ha pasado página, que no importa, que me cree. Pero no es tan sencillo. Eso es algo que nunca (siga o acabe esta relación) voy a poder perdonarme: el haberle hecho tanto daño de esa manera. Y no sólo a él, sino también a mí mismo, es como una puñalada a mis principios. ¿Voy diciendo que he sufrido mucho, que si patatín que si patatán y que no soporto los «cuernos» y voy yo y hago eso? Simplemente es algo que yo nunca podré olvidar, por mucho castigo que haga y por mucho que me absuelva a ojos de Marcos.

Le quiero. No, le amo. Le amo con locura. Es una persona que entró en mi vida por casualidad y la ha cambiado del todo. No creo que llegue a darse cuenta algún día de todo lo que significa para mí. Ahora mismo, simple y llanamente no podría vivir sin él. Se me ha olvidado.

Lo siento. Lo siento muchísimo. Sé que es una palabra como cualquier otra, pero es verdadera. Siento todo lo que he hecho, y todo lo que haré, que seguidamente no sea poco… Ahora mismo no sé qué nas decir, y después de una hora y algo, lo único que se me pasa por la cabeza es «dormir». De todos modos, para resumir toda esta mierda, bastaría con decir que lo siento, todo, y que me quiero más que a nada. Es lo único que necesito para levantarme todas las mañana y llevar el día como pueda. Una sonrisa suya es capaz de hacer cosas inimaginables en mí. Espero que nunca se borre.

Te amo.

Reflexiones de una noche movidita I

Son las 2 de la mañana, y como era de prever, no me puedo dormir. Simplemente no puedo.

Demasiadas cosas pasan por mi cabeza ahora mismo como para poder cerrar los ojos y dejarse llevar. Eso si, esto no quita que tenga los ojos rojos (aparte de llorar como llevo haciendo desde las 10) y que los párpados se me cierren solos a estas alturas de la película.

Marcos tiene dudas. Otra vez. Y otra vez me dice que me tome un tiempo para pensar todo esto. Yo sigo sin necesitar pensar nada más allá de lo que ya sé, pero él a lo mejor sí. Tendrá sus razones para querer hacerlo, porque quiere. ¿Cuáles son? Eso ya no lo puedo responder, y no porque haya falta de causas, sino todo lo contrario.

Siendo francos: la culpa siempre la tengo yo. He ahí una pequeña encuesta reveladora:
1. ¿Cuántas veces ha necesitado Marcos pensar? ¿Y David?
2. ¿Cuántas han sido las discusiones creadas por Marcos? ¿Y por David?
3. Todos esos «momentos malos», ¿por quién han sido creados?
Ya sé que siempre tengo yo la responsabilidad de todos estos, y más, factores desfavorables.

Yo puedo con esto, no es la primera vez que paso por cosas así o parecidas. De todos modos, aunque no lo hubiera vivido, supongo que sabría apañármelas. La cuestión es: ¿Y él?

Sepa o no enfrentarse a estas situaciones con soltura, lo cierto es que le hace daño. Y aunque haya veces que no me lo diga, lo sé sin necesidad de que abra la boca. Esos ojos llenos de vitalidad, de alegría, de felicidad no pueden mentir.

Y eso es algo con lo que yo no puedo luchar ni vivir. Puedo amargarme a mí mismo la existencia de la manera que quiera, que para algo es mía, pero la suya no. Quién sabe, a lo mejor es algo genético que llevo en la sangre y he salido al resto de mi familia. De todos modos, mi conciencia me impide seguir con esto.

No me refiero a que decida cortar, ni mucho menos. No sé si es por razones egoístas porque le necesito, porque le quiero (en el sentido más amplio de la palabra) o simplemente porque no. Lo único que sé es que no seré yo quien acabe con esto.

Volviendo al tema del que hablaba, no puedo permitir que la jovialidad en esos ojos y en esa sonrisa se apaguen. Es un chico que, siendo sinceros, no me merezco lo más mínimo. Podría estar con cualquier otra persona, pero me eligió a mí y lo sigue haciendo a pesar de todo. No creo que llegue a comprender qué es lo que vio en mí para elegirme, pero lo hizo. Y simplemente por eso siento el deber de no fallarle, de mantenerme siempre al pie del cañón.

[...]

lunes, 13 de febrero de 2012

Saint Ballentine's

Para empezar, disculparme por no haber escrito nada en todo este tiempo. Entre exámenes y mil cosas más, no he tenido tiempo ni para hacer una de las pocas cosas que me gustan... Pero ya estoy aquí, dispuesto a escribir para que alguien, aunque sea, lo lea.

Y, ¿qué mejor día para retomar la escritura que la víspera de San Valentín? De acuerdo, será un invento del Corte Inglés para el consumismo, pero TODOS, quien más y quien menos, queremos celebrar ese día con alguien. Con esa chica de la oficina con la que nunca nos atrevemos a hablar, con ese chico de clase que ni siquiera sabe que existimos, o simplemente con esa persona que vive en nuestra imaginación y aún no ha llegado. Como bien decía Carrie Underwood en «Ever ever after»: 

Storybook endings, fairy tales coming true
Deep down inside we want to believe they still do
And a secret is taught, it's our favourite part of the story
Let's just admit we all want to make it too

Y yo, romántico empedernido, el que más. Y ahora que tengo esa persona con la que compartirlo, imaginaos como estoy a escasos minutos de las campanadas. Nunca había hecho esto: simplemente quería que el día se pasara rápido para dejar de soportar estupideces y ñoñadas por todos lados. Eso y maldecir a las parejas que veía por doquier con alguna sífilis o con que se les rompiera el condón. Ahora, sin tener que maldecir a nadie por pura envidia, yo formo parte de una de esas parejas ñoñas.

Llevo unos días nervioso cada vez que quedo con Ma. Siempre me pongo nervioso cuando sé que le voy a ver, pero últimamente más aún. Y mañana le voy a ver, obviamente. No sé qué hay que hacer, ni cómo hay que actuar en este día. Soy nuevo y, encima, tonto.

En cualquier caso, tampoco tengo dinero para comprarle cualquier chorrada, teniendo en cuenta que la flor que le daré será robada de algún parque. Así que aquí va mi regalo, unas cuantas líneas cuyo significado ya conoces de sobra:

Eres la primera persona con la que voy a pasar San Valentín (y espero que la última). Pero no sólo eso, también la primera con la que estoy. Has cambiado muchas cosas en mi vida y en mí para mejor, algo que hacía falta, y espero poder haber hecho lo mismo aunque sea en un mínimo porcentaje. Después de Él, no pensé que pudiera volver a confiar en cualquier chico, y mucho menos que pudiera tener una relación con una confianza tan plena como la que tengo en ti, pero me has demostrado que también me equivocaba en eso.

Cada vez que dices que tienes miedo de que conozca a alguien y me guste, me dan ganas de llamarte de todo por decir tal tontería. Luego pienso que a mí me pasa exactamente lo mismo (de ahí mi pregunta de «¿te gusto?») y que el miedo que tengo de perderte no creo que se vaya a ir nunca.

Sé que la he cagado, y mucho, además. Pero te recuerdo que estoy dispuesto a hacer lo que sea por ti. Siento (aunque siempre lo he pensado, ahora mucho más) que no merezco los besos que me das, y mucho menos que mañana pueda pasarlo contigo. ¿Aún crees que, quedando con cualquier persona, me iba a gustar?

(24 minutos pensando después) No sé qué más decir sin que me ponga a llorar, simplemente te quiero. Es lo único que sé decir y sentir ahora mismo. Quiero volver a cerrar esta habitación que ya se ha llenado de mierda y meternos en la siguiente, ¿te acuerdas? Aunque nos vayamos de Erasmus, mi proposición sigue en pie, y espero que tu respuesta también. No dejes que sea el único San Valentín contigo, por favor.

viernes, 13 de enero de 2012

Especial «auto»-críticas.

Bueno, ante todo, me presento: Soy Ma. Sí. El famoso Ma. Ese Ma del que Da tanto habla. Ma, el novio de David. No he venido aquí para contaros las pukerainbows que os cuenta él ―de momento―, porque os recuerdo que este es su bloJ y que revisará y censurará este texto antes de publicarlo.

Y os preguntaréis, queridos lectores, qué hago yo aquí. Pues es un favor que le he pedido porque os tengo que contar cosas. Y cosas sobre él, que aunque parezca gilipollas, es la mejor persona del mundo mundial y aquella que me hace tan feliz. Espero que él en próximas entregas os resuma un poco lo que pasó y cuelgue el tan maravilloso paint que le hice.

El caso es que Da es una persona nueva. Si antes era genial, ahora es maravilloso. Sabe lo que me gusta, cada día me hace más feliz y cada día le quiero más, cosa que parecía ya imposible.

Y hoy vengo a hablaros de él. Y pareceré subnormal, pero he venido a criticarle. Pero es una crítica constructiva, a raíz de un texto de otro bloJ que me pasó anteayer, titulado «Cinco cosas que uno debe saber antes de salir con un traductor». Pero ese texto lo encontré tremendamente incompleto, así que os lo adaptaré a su persona:

1.- Ver una serie/película doblada con él es horrible. Y digo horrible, porque, aunque el doblaje sea bastante bueno (véase «The walking dead»), él siempre le encontrará algún fallo, por muy minúsculo que sea.

2.- Ver una serie/película en V.O. Subtitulada con él es horrible. Para él los subtítulos están todos mal.

3.- Ver una serie/película en V.O. con él es más horrible aún. Y si es «Downtown Abbey», peor. Su motivación con el inglés castizo y puro, con sus pasivas y sus finolidades hacen parecerle inaguantable. Conclusión: No ver ni cine ni tele con él.

4.- Él es superior en todos los idiomas. El caso es que es, obviamente, mentira, porque yo, soy chico de Turismo y entre la Escuela de Idiomas y la Universidad, creo que manejo bastante bien el inglés. Y le encanta picarme con eso. Pero me encanta esa rivalidad que tenemos de haber quién sabe más. Y con alemán, igual. Yo llevo ya dos años y él, uno, y claro, ya tiene que saber más que yo…

5.- Le encanta corregirme hasta en mi idioma materno, el castellano. Harto de explicarle de que yo soy del sur de Madrid, y aquí hablamos con el «ejke» y los laísmos y leísmos a tutiplén, como el señor es pijo y del centro de la capital (tiene sus pulmones negros de tola mierda que respira), ha de meter la puntillita y exclamar: «¡Paletada!», cada vez que digo algo así. Pero lo más curioso es que muchas veces le corrijo yo, y se da cuenta de que tengo razón, y es lo que más me gusta, sentirme superior a él (H). Conclusión: No hablar con él.

6.- Mi iPhone lo tenía en inglés cuando nos conocimos, aunque desde siempre lo he tenido así, al igual que el Mac o que todos los aparatos de mi casa. Al poco tiempo cambia su bebé caca a idioma inglés. Después, cambio mi iPhone a alemán, con tal de practicar un poco y él hace lo mismo con su bebé caca a francés. Y lo hace con tal de sentirse mejor que yo. Que lo es, por cierto.

7.- Cuando estamos haciendo nuestras cosas en la cama, al señor le pone que le diga burdeces y barbaridades lingüísticas. Ahí es el único momento que me las permite. Curioso.

8.- Se piensa que pese a ser yo chico de ciencias e ingeniero frustrado, no sé escribir tan bien y bonito como él, y ya lo estáis comprobando.

El caso es que no todo tenía que ser negativo, claro está. Lo que más amo de Da es que me corrija, aunque parezca mentira. Cometo muchos errores, y con él es raro acabar un día sin haber aprendido algo más que enriquezca mi modesto conocimiento. Es como tener un libro abierto en casa, sin caer en el topicazo.

Estos son algunos ejemplos de lo odioso y maravilloso que puede resultar Da, pero cuidado, que es mi odioso-maravilloso y mi yogurín. Así que; señores violadores que desean a mi yogurín, que se os vayan quitando las ganas, que me queda Da para rato.

sábado, 7 de enero de 2012

Re-birthday

A dos días de hacer dos años de algo que cambió mi vida, tenemos otro acontecimiento algo importante y creo que no olvidaré en mucho tiempo. 

El día 4, Ma y yo hemos hecho dos meses. Hasta ahí todo bien, lo preocupante llega ahora. He de aclarar que yo NUNCA he sido una persona egoísta, o por lo menos lo he intentado: no soporto los egoísmos, y de bueno soy gilipollas; pero ese día no pude serlo más. Le quería para mí, SÓLO para mí, y él había quedado con otra persona a la que también quiere mucho. Me puse como un crío estúpido, y pagué las consecuencias. Vaya si las pagué.

Por mi maravilloso egoísmo, estuve sin hablarle hasta llegar al Retiro, momento en el que pensé: «David, ¿qué estás haciendo? Él no se merece esto. Está aquí por ti. Siempre está ahí por ti, ¿y tú se lo devuelves así?» Sólo me salió preguntarle si me daba un abrazo en un hilo de voz irreconocible, pero ya era demasiado tarde. Yo mismo había encendido la mecha de lo que estaba a punto de estallar.

Tras unas verdades como casas recibidas de su boca como un jarro de agua fría, lo único que me salía hacer era callarme y llorar mirando a otro lado. «Me voy a mi casa» es lo único que dijo. En ese instante dejé de llorar, dejé de pensar, dejé de todo. Me había entrado un pánico inmenso al pensar que ese iba a ser el último momento que le iba a ver. Salí corriendo. Sin gafas y los ojos empapados en lágrimas, no veía más allá de un palmo, pero le encontré y sólo conseguía llorar.

Obviando el resto, que acabó como cualquier película pasteloide con final feliz sin muertes de por medio, incluyo mis reflexiones nocturnas sobre lo que me pediste:

¿Que si te quiero de verdad? Ya te dije que no me hacía falta ni pensarlo, pero sin haber otra cosa mejor que hacer, lo hice. No es que te quiera de verdad, es que te amo, y parece ser que no lo entiendes. Simplemente se me ha olvidado lo que hacía antes de conocerte. No podría vivir sin tus ojos, sin tu mirada buscándome para darme una sonrisa, sin tus «Guapo» a los que respondo con un «Tonto». Después de pasar tantos días enteros contigo (Oporto, Valde...), ¿te crees que puedo estar sin ti? Tú no has cambiado mi vida, me la has devuelto. Y lo único que sé es que, si vuelve a pasar algo así, ten por seguro que volveré a por ti, las veces que haga falta. No tengo miedo de perderte porque me pueda volver a deprimir, tengo miedo de perderte simplemente por ti.

P.D.: Ah, y a Manu, lo siento de veras, el de ese día no era yo. Y también siento no haber podido ir hoy, pero ya sabes, en cuanto quieras (y yo lea el mensaje) quedamos y nos echamos unas risas e.e

domingo, 1 de enero de 2012

2012

Hay que saber cuándo dar la vuelta a la página. Cuando se llega a la última línea, no hay opción sino pasarla y seguir leyendo el resto de la historia. Por mucho que te haya gustado esa página, ese párrafo, ese fragmento, no puedes seguir leyéndolo una y otra vez. O por el contrario, que te haya marcado  lo suficiente para que tengas miedo de seguir leyendo, la opción sigue siendo la misma. Al fin y al cabo, cuando puerta se cierra, se abre una ventana, ¿no?

Está claro que no todo han sido buenos momentos, eso es literalmente imposible. Pero son esos malos momentos los que los hacen especiales. Razones que nos hacen seguir adelante, haciéndonos más fuertes, superando cada obstáculo en el camino. Y, una vez que los superamos, tenemos la satisfacción de haberlo conseguido y la recompensa de oportunidades mejores.

Refugiarte en tus grises recuerdos, esconderte detrás del pasado o huir de lo que queda por llegar NO es una de las opciones. Ahora que llega un año nuevo, una etapa nueva está a punto de comenzar con él. Puedes empezar a ser tú mismo. Miente como un bellaco y haz propósitos de año nuevo que nunca llevarás a cabo, pero al menos piensa en todas esas cosas que quieres hacer en algún que otro momento. Así, tendrás una vía positiva de escape en cualquier momento. Ponte una dieta que durará cuatro días, apúntate al gimnasio para ir sólo las dos primeras semanas, deja de fumar durante tres semanas o simplemente empieza el trimestre escolar con ganas para cansarte a las dos horas.

Fíjate unas metas que te alumbren el camino cuando se vuelva oscuro, pero nunca te quedes atrás. Empieza por ser tú mismo, a partir de ahí, sé creativo y trázate tu propio camino. Aprovecha que a partir de las 12 de hoy, tendrás una excusa perfecta para todo esto y mucho más. ¿O vas a permitir perderte otro año de tu vida?

Ahora, a vosotros: Gracias por estas casi 2500 visitas. Para muchos será una cifra insignificante, pero para mí es mucho más de lo que esperaba cuando empecé a escribir esto. Así dan ganas de seguir escribiendo, aunque no sea algo importante, gracias.

Tú: Sabes bien quién eres y por qué escribo esto. ¿Te esperabas otra entrada dedicada exclusivamente a ti? Lo siento, el cambio de año y toda la parafernalia inútil que he escrito antes me urgía más. Ya te pondré una dentro de poco, que el día 4 vuelve a ser especial. Igualmente, ya que no vas a estar aquí, te recuerdo que te quiero y espero que te lo pases bien esta noche. Pero, por favor, dame un año entero como estos dos meses, no quiero que los lectores del blog vuelvan a la monotonía de mis depresiones. Gracias por todo.